Opinión

Final feliz con una trama cruel

Lida Duarte –@lidaduarte

Lida DuartePor Lida Duarte

¿A quién no le conmueve la historia de Laureano? Después de casi 30 años buscó a su madre biológica para hacerla participar de los momentos más importantes de su vida: su boda y en pocas semanas más el nacimiento de su primer hijo.

A todos nos gustan los finales felices, pero eso no es excusa para ignorar que la trama de esta historia se desarrolla en un contexto de pobreza, migración y violencia.
A doña Zulma la expulsó su pareja de su hogar con un bebé en brazos y otro a punto de nacer. Sin saber más detalles, se puede asegurar que este hecho es una violencia ejercida por el hombre –que se presenta como dueño de los recursos de la familia– contra la mujer. Y a esto se suma el abandono de dos menores por parte de su padre.
Sin dudas, el caso debía pasar primeramente por la Codeni de Yby Yaú, donde vivían madre e hijos, y posteriormente al Juzgado de la Niñez, que a su vez daría participación a las demás instituciones encargadas de salvarlos de esta situación de vulnerabilidad. Y, por supuesto, la Fiscalía tendría que haber investigado al hombre.
Si el Estado cumplía con estos pasos que indican las propias leyes, Zulma tendría una casa y viviría con sus hijos, quienes igualmente tendrían la oportunidad de ser profesionales universitarios, porque un programa integral y real incluye objetivos a largo plazo.
Pero no fue así. Migró a Coronel Oviedo y a pesar de sus esfuerzos no podía garantizar a sus hijos siquiera alimentación y menos ofrecerles una vida digna. A pesar de que el Código de la Niñez prohíbe la separación de los niños de su núcleo familiar por razones económicas, a Zulma no le quedó otra opción que entregar a su recién nacido a otra madre para que lo criara.
Doña Suzana acogió a Laureano con mucho amor y cargada de buenas intenciones, pero inconsciente de que había violado de paso la Ley de Adopciones, que establece una serie de reglas para garantizar que el niño viva en óptimas condiciones.
Para justificarse, los órganos estatales no pueden alegar omisión por desconocimiento del caso, pues solo demuestran su incapacidad de facilitar información a la población. De hecho, sociólogos paraguayos coinciden en que las mujeres rurales que sí son conscientes de sus derechos y reclaman su cumplimiento pertenecen a organizaciones sociales, donde reciben capacitación.
Podríamos pensar que al respecto hay avances con la vigencia, desde fines del 2017, de la Ley 5777 de Protección Integral a las Mujeres, pero lo sabremos si se implementa adecuadamente la Encuesta de Violencia Contra las Mujeres, cuyo diseño está a cargo de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos.
Siguiendo con la biografía de Laureano. Tuvo suerte, porque pudo haber caído en una situación de criadazgo, que de acuerdo al informe de Global Infancia del 2017, afecta a 147.000 menores; o peor, pudo haber muerto en cualquier circunstancia facilitada justamente por su condición vulnerable.
Pero doña Suzana, sin saberlo, tiene una sensibilidad social. Le inculcó valores y lo ayudó en su educación formal. En su cuenta de Facebook él se describe como abogado, comunicador, politólogo, publicista y docente, como contabilizando una gran deuda.
Él no olvida su pasado y tampoco lo deberíamos hacer los seguidores de esta historia.

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