Opinión

F. Vera, demócrata a favor de la justicia social

Por José Nicolás Morínigo Alcaraz | <br/><br/>El miércoles partió de entre nosotros Don Fernando Vera, y recordando su muerte es cuando más valorizamos su vida, su compañerismo leal y sincero.<br/><br/>No hacía nunca concesiones fáciles, pero siempre estaba dispuesto a tender la mano o a realizar un comentario certero a un artículo periodístico o a un libro, en donde deslizábamos algunos comentarios, más vinculado a la ciencia económica, pero con claro efecto sobre los vaivenes de nuestra peculiar vida política, social o cultural.<br/><br/>Cuando fue senador por el Partido Revolucionario Febrerista, nos invitó a formar un grupo para discutir y plantear el estudio de algunos proyectos de ley. En las reuniones conjuntas para analizar la "coyuntura" o estudiar algún proyecto de ley pude comprender el profundo respeto que tenía por la democracia y su permanente esfuerzo por intentar convertir al Estado, en especial nuestro Estado, en un instrumento del cambio económico, social y educativo al servicio de toda la población. <br/><br/>El Dr. Fernando Vera era una persona que creía y consideraba enteramente justa la aplicación del impuesto a la renta personal, el impuesto progresivo a las grandes extensiones de tierra, el impuesto más elevado a los bienes suntuarios, a las bebidas y alimentos importados, en base a un principio muy simple: el que más recibe del Estado tiene el deber de colaborar con más recurso para su buen funcionamiento y la posibilidad de que, el Estado, cumpla sus los objetivos: ofrecer salud, educación, crear una infraestructura vial etc., al servicio de toda la ciudadanía, sin distinción alguna.<br/><br/>Don Fernando fue miembro del FMI cuando era difícil comprender que alguien asuma la opción por el cambio económico y social profundo y al mismo tiempo pueda estar colaborando para el éxito de una institución de gran influencia en la cuestión financiera del mundo y, en consecuencia, en la dirección de la economía mundial, sujeto a tantos desajustes. Pero, Don Fernando, que no era de mucho hablar o de imponerse utilizando gestos llamativos, apelaba siempre a la razón y a la argumentación, y ahora comprendo que mucho antes que nosotros se dio cuenta que el mundo se orientaba hacia un cambio sustancial, que no era producto de los resultados de la revolución industrial, que había pasado a la historia, con todo lo malo y lo bueno que había producido. El mundo de hoy es el resultado de la nueva era. La era de la revolución en las comunicaciones que afecta a la economía, a la sociedad y a la cultura, por eso y por su tenacidad con su idea febrerista de juventud, fue vicepresidente de la Internacional Socialista.<br/><br/>Muchas veces asistí a reuniones en su casa en donde Don Fernando, más nos enseñaba con su ejemplo, a no olvidar que estamos en una sociedad con muchas precariedades y que teníamos la obligación de intentar transformarla, no para beneficio de una minoría, sino para la mayoría de mujeres y hombres de este nuestro país. <br/><br/>Sus años de vida son un ejemplo, porque siempre fue un hombre básicamente racional, pero con la carga afectiva, profunda y serena, de un auténtico paraguayo de ley.<br/><br/>

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