Editorial

Evitar que la gente se bañe en lugares con agua contaminada

Desde hace semanas, los medios de comunicación vienen compartiendo fotos de grupos de personas que entran a bañarse en sitios declarados prohibidos, donde las aguas se encuentran con elevado nivel de contaminación. Las autoridades no pueden simplemente lavarse las manos ante la "inconsciencia ciudadana", cuando implica un grave riesgo de salud pública. La falta de lugares de veraneo es también una deficiencia del Estado, así como permitir la alta polución de los principales recursos hídricos. Recuperar ríos, lagos y arroyos es una tarea pendiente, al igual que la habilitación de playas limpias y seguras, con todas las condiciones requeridas.

Una gran parte de la población paraguaya, principalmente la que vive en Asunción y las ciudades del área metropolitana, padece el mitológico suplicio de Tántalo, el dios griego al que por sus crímenes se le condenó a estar cerca del agua, pero sin poder disfrutarla. Muchos paraguayos estamos también condenados a vivir cerca de ríos, lagos y arroyos que constituyen un valioso recurso hídrico, pero en medio del calor cada vez más abrasador no podemos disfrutar de la frescura de sus aguas, porque ellas se encuentran altamente contaminadas, o porque no existen playas seguras y bien acondicionadas que nos permitan acceder.

En las últimas semanas, los medios de comunicación nos han ofrecido reiteradas imágenes de grupos de personas que se metían en aguas del río Paraguay, en el sector de las playas no habilitadas de la Costanera, junto a la Bahía de Asunción, así como en las playas del lago Ypacaraí en las ciudades de Areguá y San Bernardino, desobedeciendo abiertamente a los carteles que indican “Agua contaminada, prohibido bañarse”.

Tal como lo ha indicado en varias ocasiones el propio Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades), las aguas de la Bahía de Asunción no son aptas para el baño, porque contienen un alto nivel de coliformes fecales y de bacterias dañinas para la salud humana, debido a que se encuentran en la zona donde desembocan los principales efluentes cloacales de la ciudad capital, la que hasta ahora no cuenta con un sistema de tratamiento de aguas. Igualmente, las aguas del lago Ypacaraí también están vedadas, debido a que siguen altamente poluidas por cianobacterias desde hace varios años, las cuales hasta la fecha no han podido ser erradicadas.

Sin embargo, las autoridades, tanto del Gobierno central como de los respectivos municipios y gobernaciones, no pueden simplemente lavarse las manos ante los actos de “inconsciencia ciudadana”, cuando la situación implica un grave problema de salud pública. Cualquiera que se meta a estas aguas se expone a daños y a la posibilidad de contraer enfermedades,

La falta de adecuados lugares de veraneo es también una deficiencia del Estado, así como el de haber permitido –y seguir permitiendo– la alta polución de los principales recursos hídricos. La destrucción del lago Ypacaraí, uno de los símbolos turísticos más conocidos del Paraguay a nivel internacional, constituye el fracaso más estrepitoso de la política ambiental, junto a la elevada deforestación del Chaco.

Hay que destacar el ejemplo de ciudades como Encarnación y Hernandarias, que han logrado implementar un sistema eficiente de usar las costas de sus ríos y de convertirlas en fuentes de atracción turística, trabajo e inversión económica. Recuperar ríos, lagos y arroyos en gran parte del país es una tarea pendiente, al igual que la habilitación de playas limpias y seguras, con todas las condiciones requeridas.

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