Editorial

Evitar que cárceles se vuelvan las bases de bandas criminales

La influencia cada vez mayor de organizaciones criminales brasileñas como el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) en las cárceles de nuestro país constituye un grave riesgo para la seguridad. Los recientes motines en establecimientos penitenciarios de Coronel Oviedo y Concepción, así como las amenazas directas a autoridades y funcionarios hacen temer que el Paraguay llegue a situaciones como las que se han vivido en Brasil, donde estos grupos han formado verdaderos ejércitos en las cárceles, desde donde se maneja toda la estructura del crimen que pone en zozobra a la sociedad. El Gobierno debe extremar medidas para evitar que hechos lamentables sucedan.

Hace tiempo que algunas organizaciones criminales brasileñas, especialmente el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), han elegido al Paraguay como base de sus operaciones delictivas y como un espacio geográfico en donde reclutar miembros y poder expandirse. Y han empezado a ocurrir situaciones que causan preocupación, como los recientes motines de presos registrados en las cárceles de Coronel Oviedo y Concepción, que han sido evidentemente promovidos por reclusos integrantes del PCC. A ellos se suma la difusión de recientes videos con amenazas directas a autoridades y funcionarios.

Aunque las autoridades sostienen que hay unos 50 miembros del PCC, presos de nacionalidad brasileña, distribuidos en varias cárceles del país, las cifras extraoficiales apuntan a que son muchos más. A esto se debe agregar que ambas organizaciones han empezado a “bautizar” a presos paraguayos, a quienes convierten en nuevos integrantes, aumentando significativamente el número de sus miembros. El propio ministro de Justicia, Julio Javier Ríos, asegura que unos 150 presos de nacionalidad paraguaya se han hecho integrantes del PCC.

No hay que olvidar que, precisamente, tanto el PCC como el CV han formado sus ejércitos en las cárceles brasileñas y que, desde allí, sus principales líderes manejan toda una vasta red de operaciones delictivas y criminales con proyección internacional, dirigiendo el tráfico de drogas, armas, lavado de dinero, ordenando robos y asaltos, ejecuciones y asesinatos a través de bandas de sicarios, así como sobornos a políticos y autoridades, o acciones de amedrentamiento. Es evidente que buscan desarrollar el mismo esquema desde las cárceles paraguayas y las autoridades deben impedirlo antes de que sea muy tarde.

No basta con sacar a los militares a las calles o aumentar el número de policías y guardias en las cárceles. El punto más vulnerable es el nivel de corrupción que persiste en los organismos del Estado, incluyendo a la Policía, el Ministerio Público, a la Justicia y a todo el sistema penitenciario. No hay que olvidar que uno de los principales cabecillas del PCC, el brasileño Thiago Ximenes, alias Matrix, junto con su compinche Reinaldo Araujo se habían fugado de la sede de la Agrupación Especializada de la Policía, presumiblemente una de las prisiones de alta seguridad, en circunstancias hasta ahora no aclaradas, presuntamente tras contar con la complicidad de sus propios guardianes.

Hay que impedir que las cárceles paraguayas se vuelvan sedes y bases de operaciones de las organizaciones criminales que pongan en zozobra a la sociedad. El Gobierno debe extremar medidas para evitar que hechos lamentables sucedan.

Dejá tu comentario