Correo Semanal

Estreno y censura: Medio siglo de El Pueblo

 

Antonio V. Pecci

Destinada a permanecer dos semanas en cartelera en el salón del Centro Cultural Paraguayo Americano, el filme atrajo bastante público, pero también la mirada de los servicios represivos del régimen, por lo que tuvo que ser retirado de cartel a la semana. Conviene repasar lo que sucedió alrededor del mismo.

Dos hechos coincidieron para esa abrupta bajada de telón. Por un lado, como constataría el propio Saguier, a medida que pasaban los días la sala se iba llenando de personajes de traje, corbata colorada y recorte cadete: eran los pyrague (policía secreta). Por el otro, un amigo me llamó y me pasó el dato que en el diario Patria, vocero de la ANR y del gobierno, salía publicado un comentario firmado por Mario Halley Mora, su jefe de redacción, donde atacaba duramente la película. Inmediatamente fui a buscar un ejemplar y constaté que en el citado comentario, efectivamente, se hablaba de la “brutal traición” de la película y otras consideraciones que indicaban la desaprobación total de dicha obra. Preocupado, le llevé el ejemplar a Carlos Saguier y convinimos que era mejor bajar de cartelera el film, para evitar peores males. Con lo cual terminó su corta vida de exposición pública, por lo menos en temporada abierta bajo la dictadura.

¿Qué había ocurrido para que el mediometraje, estrenado fuera del circuito comercial de salas como el Granados, el Roma, Victoria, despertara las iras del equipo de censura del régimen?

NO HAY TEXTO SIN CONTEXTO

El film fue un producto de una serie de conversaciones entre ambos desde principios de 1968. Yo conocía un trabajo anterior de Saguier que me impactó: el documental Ñandejára rekove paha (“Los días últimos de Jesucristo”). Y él había visto algunas puestas del Teatro Popular de Vanguardia, TPV, en el que yo trabajaba, que le habían gustado. Y así surgió un día la invitación suya para visitarlo en su casa familiar de la calle Caballero. Conversamos, a lo largo de varias semanas, sobre arte y, más aun, sobre cine, que era lo que a él le apasionaba. El país terminaba una década donde se habían producido hechos interesantes como la aparición de periódicos y revistas como Alcor, Criterio y Péndulo, semanarios como Comunidad que resultaba un crítico tenaz del gobierno. Existían grupos de teatro cómico popular, de teatro profesional y del sector independiente. Un auge de la música folclórica. Y un cierto clima de libertades restringidas, con algunos partidos de oposición activando públicamente para las elecciones y la Constituyente de 1967. Mientras, América Latina era un hervidero de luchas sociales, movilizaciones y de movimiento innovadores como el Cinema Novo en Brasil o el Nuevo Cine Argentino. Y a nivel más general se había producido en Medellín el encuentro de obispos del continente en que se adoptó la línea de “opción preferencial por los pobres”.

DESEMBARCO EN TOBATI

Es en ese clima de cierta tolerancia en que abordamos con Carlos la posibilidad de aproximarnos a una comunidad del interior para apreciar su modo de vida muy rico en términos folclóricos, pero también muy retrasado u olvidado. Y así a mediados de 1968 nos largamos a recorrer pueblos de los departamentos Central y Cordillera. Hasta que llegamos a Tobati y nos pareció que era una comunidad que reunía el perfil, que seguía viviendo en el entramado de antiguas tradiciones y oficios centenarios que se habían vuelto rutina. Un pueblo detenido en el tiempo, como tantos otros.

Luego de saludar a las figuras representativas de la comunidad y conseguir su visto bueno para filmar, regresamos al poco tiempo con dos personas más y el equipamiento técnico necesario. La excusa que habíamos dado al comisario del pueblo, al cura párroco y otras figuras es que íbamos a filmar una película de carácter turístico para Canal 9.

Y con ese equipo pequeño visitamos al artesano Zenón Páez, fuimos a la zona de las olerías, visitamos la iglesia y recorrimos otros lugares aledaños. Decidimos quedarnos a vivir en un almacén y pensión del lugar, administrado por dos mujeres un poco mayores, solteras, que nos dieron alojamiento más bien precario y alimentación. Al terminar los días de filmación, cargamos las maletas y volvimos a Asunción, con los rollos filmados. Luego fuimos a Buenos Aires a hacer el revelado y la anhelada copia. Que fuimos mostrando a Roa Bastos –ya gran con gran experiencia en esta área–, al maestro José Asunción Flores, a Elvio Romero y al crítico literario Édgar Valdés. Nos alentaron bastante. Roa nos hizo algunas críticas. Todos habían quedado impactados por las imágenes de ese pueblo, la gente, la atmósfera rutinaria pero a la vez surrealista de una comunidad girando en torno a sí misma durante décadas, si no siglos. Total que en 1969 volvimos a rodar otras dos semanas y captar sonidos de ambiente. Y nuevamente a la capital porteña, donde tras ardua tarea y lucha de Saguier porque entendieran los técnicos los efectos que él quería introducir en la película, se terminó finalmente. Y con el entusiasta apoyo de Roa Bastos y los demás, se realizó un preestreno para unas ochenta personas en un microcine. Lo que provocó comentarios elogiosos. Édgar Valdes escribió un extenso comentario en la revista Diógenes. Señalaba, entre otras cosas: ‘‘La repetición al infinito de cierto estilo de vida termina por desrealizar al individuo, por disolver su esencialidad humana, cortando todos sus lazos con el espesor y la mutabilidad de la vida terrena”. Y ponderaba el talento del realizador.

Así estrenamos en Asunción, a los pocos días, el mediometraje, de unos 45 minutos de duración, con el resultado conocido. Analizando con la perspectiva del tiempo resulta claro que había temas que podían escribirse, ser tema para ballet, para obras teatrales, pero no para el cine o para relatarlas en periódicos. En un sistema autoritario aquellas obras u opiniones críticas que pudieran llegar al gran público, debían ser eliminadas. El film tenía una mirada filosa sobre esa comunidad, lo que contrastaba con el discurso triunfalista del gobierno y la imagen que proyectaba de un país donde no existían problemas sociales.

Como diría el poeta Emilio Pérez Chaves: “El Pueblo es una historia transitada por seres sin nombre, es decir sin identidad ni personalidad, víctimas del martirio o del olvido, condenados al exilio en su propia patria”.


Aniversarios

El film tenía una mirada filosa, lo que contrastaba con el discurso triunfalista del gobierno.

Bajo un candente sol se estrenaba la película de Carlos Saguier, el 5 de diciembre de 1969. Cuenta la historia alguien que vivió desde dentro la filmación y la censura.

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