Opinión

Este es un país maravilloso

 

Este terruño nuestro, bautizado por los ancestros como Paraguay y también llamado la Tierra Sin Mal, el cementerio de las ideas, el paraíso de Mahoma, cuna de héroes y otros galimatías parecidos, es un agujero negro donde la lógica, el sentido común, las teorías sociopolíticas y las más elementales normas de convivencia entran para no salir.

Todo lo que en otras latitudes funciona como un engranaje perfecto, acá chirría por completo. Nuestra persistencia en el tiempo es un misterio físico. Una improbabilidad concretada vaya a saber por qué designio maléfico o divino, o ambos.

Nuestro presidente es un caso de diván. Hace más de un año les ganó a Horacio Cartes y a sus millones sospechosos, ayudó a enterrar su proyecto autoritario e inconstitucional; pero antes que ignorarlo desde el púlpito silencioso de la victoria, lo evoca indirectamente desde el rincón pérfido y semioscuro del despecho. “No tenemos un presidente contrabandista”, expresó más o menos, sin que nadie le preguntara.

Presidente, superalo. Le ganaste ya, qué tal si miramos para adelante y decís: “Tenemos un presidente honesto y dedicado, que dejó de llorar por la interna que ganó”. Claro que tampoco tiene empacho en pactar con los secuaces legislativos del presidente contrabandista y bajar las tasas tributarias para sus cigarrillos.

Otro ejemplo de nuestra sempiterna necedad es la industria del ensamblaje de motos. Con ella creamos, en verdad, dos industrias: la de motos y la de lisiados y fallecidos en accidentes con esos aparatitos. Con menos rigor documental que una libreta de almacén, se entregan estos juguetitos para que el incauto beneficiado, que sabe tanto de conducir motos como de teoría cuántica, bautice con sus entrañas asfaltados, camionetas, árboles, portones y otros elementos parecidos. Por cierto, esta industria, la de las motos, paga menos impuestos para alentar su crecimiento y genera una gran sangría en la otra industria, la de los lisiados, cuyos costos debe correr por cuenta de la Salud Pública. En síntesis, el Estado pierde plata por dos vías. ¡Genios!

Otro aporte teórico del Paraguay es el capitalismo de los amigos, y si esos amigos son políticos o funcionarios públicos encumbrados, mucho mejor. Un ejemplo de estos son los taxis. Tienen un monopolio de hecho que para colmo es atrasado, deficiente y lo manejan de forma prepotente. Todo gracias a que en cada elección transportan a precio módico a los electores prebendarios. A los taxistas, la ciudad les cedió paradas para facilitar su servicio a la población. Ahora los únicos que se benefician son ellos, ya que a fuerza de caradurez lograron que un bien por el cual no pagan un peso partido por la mitad les genere ganancias millonarias. Vyresa es el escándalo financiero de los subprime ante esto.

Cerrando este resumen perverso están las autoridades que en nombre de la democracia y del bienestar del pueblo se cagan con sus actuaciones en ambos. El último de estos fantoches es Paraguayo Cubas, en quien el término escatológico está bien usado. Ocultando sus antecedentes, se dedica a propagar como un energúmeno desbocado los de otros. El problema no es que sea verdad o mentira lo que dice. El problema es que su perorata no llega a nada práctico y solo lo beneficia electoralmente.

Sin duda, este es un país bendecido, solo por eso se entiende que sigamos vivos.

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