Editorial

Estado debe intervenir para evitar colapsos por tormentas

Los efectos del cambio climático ocasionan cada vez mayores inconvenientes a las actividades productivas del país. La conjunción de precariedades, imprevisiones e inconsciencia ante las tormentas cada vez más frecuentes convierten a las ciudades en escenarios de catástrofes que incluso cuestan vidas humanas. Las consecuencias rebasan las capacidades de solución de los municipios y requieren que el propio Estado intervenga y lidere las obras y las acciones que sean necesarias. Gran parte de la respuesta depende de mejorar la infraestructura vial y los servicios urbanos, pero también pasa por la educación para reducir las actitudes depredadoras y contaminantes de la propia población.

Las lluvias, las tormentas y las inundaciones cada vez más frecuentes parecen haber llegado para quedarse. Ya no constituyen la excepción, sino la regla. La depredadora acción humana, manifestada en la masiva deforestación y en la destrucción de los recursos naturales, está provocando cambios climáticos cada vez mayores, cuyos efectos a veces alcanzan niveles catastróficos, causando graves inconvenientes a las actividades productivas del país.

Las últimas torrenciales lluvias caídas no solo provocaron los acostumbrados cortes de energía eléctrica y las inundaciones de las calles, que paralizan las actividades laborales y económicas, y en ocasiones incluso cobran vidas de personas arrastradas por los raudales, sino también desnudaron una vez más la conjugación de precariedades, imprevisiones e inconsciencia por parte de las instituciones y la propia población, mostrando los deficientes servicios urbanos y la falta de una infraestructura vial más adecuada, que se mantienen desde hace décadas y que han hecho muy vulnerables a nuestras ciudades ante los fenómenos atmosféricos.

En el caso de la ciudad de Asunción, a pesar de ser la capital del país, solo tiene una cobertura del 22% de desagüe pluvial. El servicio de recolección de basuras por parte del Municipio sigue siendo sumamente deficiente, pero la situación se agrava aun más por la inconsciencia y la irresponsabilidad de un vasto sector de la ciudadanía, que se acostumbra a arrojar grandes cantidades de desechos a las calles y a los torrentes de lluvia, taponando los sumideros y colmatando los arroyos.

Los casos de las demás ciudades del área metropolitana no difieren mucho, reportándose a menudo nudos críticos en localidades como San Lorenzo, Fernando de la Mora, Ñemby, Luque, Mariano Roque Alonso y Lambaré.

Las consecuencias de esta crítica situación rebasan las capacidades de solución por parte de los municipios y requieren que el propio Estado intervenga y lidere las obras y las acciones que sean necesarias, y que en muchos casos deben involucrar a varias administraciones comunales en conjunto. Las propuestas requerirán además obras mejor planificadas y coordinadas, para que no produzcan mayores conflictos, como la actualmente desastrosa experiencia comprobada con los trabajos de construcción del Metrobús.

En un informe publicado ayer por este diario, el director de Obras Municipales de la Municipalidad de Asunción, ingeniero Antoliano Benítez, indicó que se deberán invertir cerca de 20.000 millones de guaraníes por cada obra de cobertura pluvial que se requiere realizar, y que construir un 20% de desagües en la capital alcanzará unos 45 millones de dólares. El costo es elevado, pero sale mucho más caro perder largas horas de paralización de trabajos con cada fuerte lluvia que hace colapsar a la ciudad.

Gran parte de la respuesta depende de mejorar la infraestructura vial y los servicios urbanos, pero también pasa por la educación para reducir las actitudes depredadoras y contaminantes de la propia población.

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