Estacas
Luis Bareiro – @LuisBareiro

No recuerdo en qué momento de la infancia me mostraron la foto de una vaca infestada de garrapatas. Era una imagen perturbadora. El desdichado animal, piel y huesos, tenía el lomo cubierto por miles de esos ácaros horribles que se inflaban como globos con la sangre de su víctima. Tuve pesadillas imaginando a ese enjambre de vampiros aferrados a mi espalda.

Esos sueños de miedo infantil fueron reemplazados con el tiempo por las picantes imágenes oníricas propias de la adolescencia, y más tarde por las previsibles pesadillas de la adultez.

En la semana última, sin embargo, volvió la vaca. El pobre mamífero se coló nuevamente al reino de Morfeo con su eterna carga de parásitos. Su retorno no se debió a una imagen pecuaria, sino a la serie de artículos que viene publicando ÚH sobre los hurreros del ex y futuro senador Óscar González Daher.

Siempre supimos que el sistema funciona así, pero verlo con lujo de detalles –como lo publicó la colega Patricia Vargas– es como tener una foto corpórea del bovino con su legión de hematófagos decorando la sala. Es un recuerdo doloroso y permanente de cómo nos están chupando la sangre.

Por si no lo vieron, Vargas publicó la situación de cuatro o cinco de los hurreros incondicionales de González Daher y las planillas de pago de ellos, sus esposas, sus hermanas, sus hijos y sus sobrinos, todos colgados del erario público en las instituciones del área de influencia del padrino luqueño: Senado, Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, Justicia Electoral, Dinac y Municipalidad de Luque.

Solo una de esas familias nos cuesta cerca de 600 millones de guaraníes por año. Por supuesto que ni uno solo de sus miembros entró por concurso, y que la gran mayoría ni siquiera asiste a la oficina (ya no digo que trabaje, que ese es un verbo desconocido para los parásitos).

De más está decir también que esta es apenas una muestra de la vasta red de hematófagos colocados por González a lo largo de su hemorrágica carrera, y que él es apenas un líder más de esa legión de vampiros.

La pregunta agobiante es si existe alguna posibilidad de sacarnos a estas sanguijuelas de encima. Y la respuesta es que sí, hay una posibilidad.

Cuando se haga la reforma constitucional –que estimo será el año próximo–, tenemos que incluir un artículo transitorio que anule todos los cargos públicos que hayan sido ocupados sin concurso, restrinja los cargos de confianza y prohíba la creación de cargos sin justificación técnica ni financiera.

No me vengan con que es imposible. Países con dirigencias políticas más chapuceras que la nuestra lo hicieron. Para conseguirlo solo necesitamos presionar en el momento oportuno. Una o dos veces salimos masivamente a las calles y nos sacamos a estos parásitos de encima.

De última, están las estacas, pero eso no es muy civilizado.