Opinión

Espejo

 

Muchos dirán que tenemos los representantes que nos merecemos. En verdad, tenemos aquellos que se nos parecen o al menos, a la mayoría.

Ellos son el espejo de esta democracia maltratada por sus representantes con sus actos, conductas y actitudes. Lo que aconteció esta semana solo sirve para reflejar lo mucho que aún debemos andar para hacer que este sistema político se base en la honorabilidad, recato, inteligencia y valentía. Nos contentamos con tan poco que solo les pedimos algo de escándalo para matizar nuestra decadente referencia democrática. Solo pedimos circo porque entre los sinvergüenzas que huyen de la Justicia, los llorones que la manipulan, los narcos y los traficantes de influencia están demoliendo toda la estructura que ha podido ser levantada. Muchos de los que violaron la Constitución Nacional para permitir la reelección vía enmienda volvieron, incluso uno de ellos es presidente del Congreso.

Qué autoridad podrían tener estos para exigir una mejor representación si son capaces de ver arder su casa o asesinar a un joven político en un local partidario sin que se les mueva un pelo de la vergüenza. Estos que tenemos –en su gran mayoría– representan la decadencia de la democracia paraguaya y debemos buscar purgarlos.

La actitud de Riera y Cubas se inscribe en el proceso de ver el escaso sentido que le dan ambos a la representación y, por lo tanto, la nula trascendencia que otorgan a las formas y fondo de lo que se espera de un legislador.

Pobre capacidad argumentativa que se sustituye por gritos, acusaciones y ataques físicos. Todo lo que ejemplifica lo peor de cualquier democracia.

Los sinvergüenzas están felices porque sus fechorías quedan en un segundo plano y la discusión popular gira en torno a la corrección o incorrección del agresor y el agredido. Pero en verdad lo que nos devuelve el espejo de la política es la mala calidad de la elección, un sistema electoral que privilegia el error, una pobre educación y una nula conciencia de lo que significa ser un legislador. A muchos no les importa mucho estar al servicio de traficantes, utilizar una camioneta denunciada como robada y circular con la chapa del legislador o abiertamente traficar influencias en los múltiples negocios emprendidos con el Estado.

El espejo del Congreso nos devuelve la imagen más degradada de nuestra condición social. Sí, ellos reflejan una parte del Paraguay que nos empobrece y nos degrada. La verdadera razón de nuestra pobreza, corrupción y subdesarrollo. No esperemos que reflejen nuestros valores; ellos solo nos muestran el lado más feo y sucio de esta sociedad que cree aún que la democracia es un sistema de oportunidades y no la recreación bastarda de sus peores defectos.

No podemos huir de la imagen que nos devuelve la mayoría de los 125 legisladores. Debemos asumir y buscar resolverla antes de que terminen por rifar la democracia que tanto dolor y sufrimiento han costado alcanzarla.

Los paraguayos nos merecemos algo distinto y para eso debemos levantar el listón de calidad y aprender a no elegir más a nuestros verdugos, causantes directos de nuestras desgracias.

Hay que hacer añicos no el espejo, sino lo que proyecta.

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