Editorial

Escuchar mensajes en favor de los pobres y contra la corrupción

La Iglesia recordó esta Navidad la opción por los pobres y humildes; así como también sonó alto y claro el mensaje de atender a los más desfavorecidos, unidad en la Iglesia y dignidad en el ámbito laboral. El papa Francisco reflexionó sobre la dignidad del trabajo y a nivel local, la prédica puntualizó como ejes las sobre situaciones que destruyen a la familia como el maltrato, el exilio y el dinero obtenido de manera ilegal. Los sermones retumban en momentos en que el Paraguay cierra un año extraordinario, en el que, en medio de la pandemia hubo deleznables casos de corrupción que han quedado impunes, pero es de resaltar la conciencia que surgió en cuanto a denunciar y rechazar estos actos. Falta mayor disposición de la Justicia pero se debe celebrar el compromiso de la ciudadanía.

Desde el Vaticano, el papa Francisco en su homilía, recordó que Jesús de Nazaret nació como "un niño pobre envuelto en pañales" rodeado de pastores que trabajaban cuidando de su rebaño: "Este es el mensaje: Dios no cabalga en la grandeza, sino que desciende en la pequeñez. La pequeñez es el camino que eligió para llegar a nosotros", puntualizó. Y reflexionó sobre la importancia de dar dignidad al hombre con el trabajo, “pero también dar dignidad al trabajo del hombre, porque el hombre es señor y no esclavo del trabajo”.

Sobre el mensaje de Francisco, de abrazar a Jesús en los pequeños de hoy, servirlo en los pobres, bien puede ser leído como una advertencia a los gobernantes, para que más allá de los grandes y pomposos discursos recuerden su principal y primerísimo rol que es el de servir, y no servirse de recursos y privilegios.

El papa instó asimismo a que “Que en esta noche de amor nos invada un único temor: herir el amor de Dios, herirlo despreciando a los pobres con nuestra indiferencia", y también se dirigió a la propia jerarquía de su Iglesia, llamándola a la "unidad" y a practicar la caridad.

A nivel local, el mensaje llegó desde el púlpito de Caacupé y fue Monseñor Ricardo Valenzuela el encargado de transmitirlo desde la Basílica, refiriéndose a las situaciones que destruyen a la familia como el maltrato, el exilio y el dinero obtenido de manera ilegal.

En la jornada en que los católicos celebraban la Sagrada Familia, el obispo de Caacupé calificó como terrible a la explotación y a la trata de personas que involucra a jóvenes y adolescentes, los cuales se ven obligados a migrar, a ir al exilio como la Sagrada Familia de Nazaret, dijo, y pidió al mismo tiempo fijar la mirada en la sagrada familia, en el momento en que ellos se ven obligados a huir y pensar en el drama que viven las personas que migran, en los que se refugian y que son víctimas del rechazo. ‘‘Están las víctimas de la trata de personas, realmente es terrible esto. Adolescentes, jóvenes que son engañados para ir a trabajar. Se van y los someten a otras cosas. Gente inocente, adolescente, joven de 14, 15, 16 años de edad. ¿Qué dirá Dios por estas cosas? El Señor dice: “Todo lo que ustedes les hagan a uno de estos mis pequeños, a mí me lo hacen?(...). Mis queridos hermanos, por eso nos duele lo que les espera a esas personas que engañan para utilizar el cuerpo de estas víctimas inocentes’’, reflexionó.

La corrupción también estuvo presente en su prédica al recordar a las familias que no se debe meter dinero mal habido a la casa, ya que este pecado destruye a la familia.

Valenzuela, como ya ya se hiciera recientemente durante el novenario de la Virgen de Caacupé, mencionó entre quienes se ven obligados a huir a la gente desalojada, y a todos aquellos a quienes se les queman sus casas, sus cabañitas, sus chocitas, y que son hechos que realmente nos enferman como sociedad, pues ellos también son víctimas del rechazo y de la explotación.

Los sermones retumban en un tiempo en que se hace necesaria toda la conciencia y el compromiso para rechazar los hechos de corrupción y la impunidad que afectan a la sociedad.

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