Editorial

Es posible hallar a candidatos sin los viejos vicios de la política

El 22 de abril próximo, los votantes tendrán en sus manos la oportunidad de contribuir con el cambio eligiendo a candidatos no emparentados con la corrupción, el abuso de poder, la incapacidad y otras lacras a las que nos tienen acostumbrados los políticos tradicionales. La herramienta del voto que permitirá al empadronado ejercer su derecho a seleccionar libremente a los que conducirán el destino del país, durante un periodo de cinco años, debe ser utilizada como medio para apostar a una sociedad que paulatinamente se libere de los que solo miran sus intereses y postergan aquellos que atañen al bien común. Escogiendo a los honestos, capaces y respetuosos de las normas, se habrá dado un relevante paso.

Mirando el grueso de las ofertas electorales para los comicios generales a realizarse en abril próximo, da la impresión de que las diversas listas no proponen nada nuevo, que es más de lo mismo, un continuismo a todas luces evidente.

Esa visión resulta cierta si únicamente se tiene en cuenta a los partidos tradicionales. Ellos ofrecen a la ciudadanía, en un elevado porcentaje, rostros repetidos que conllevan también vicios harto conocidos y de antigua data.

Aludiendo tan solo a los partidos Colorado y Liberal, sus boletines de votos vuelven a candidatar a impresentables como Óscar González Daher y Carlos Portillo, por ejemplo.

Esa falta de renovación implica que los partidos tradicionales son cautivos de políticos que han accedido al poder no para trabajar por el progreso de la República sino para seguir manteniéndola en la pobreza como hasta ahora.

Observando con mayor detenimiento, sin embargo, es posible hallar en partidos no hegemónicos y movimientos alternativos algunos candidatos que plantean puntos de vista diferentes y con trayectorias de virtudes ciudadanas que pretenden llevar al ejercicio del poder si son acompañados con números suficientes en las elecciones.

Es cierto que en ese sector también hay escombros que han migrado de sus partidos porque ya no tenían cabida, pero no es a ese segmento disfrazado de decencia y mentalidad renovada al que nos referimos.

Bastará leer, mirar y escuchar con detenimiento los medios de comunicación masivos para descubrir que más allá lo que ya es de público conocimiento, hay interesantes figuras que merecen apoyo en las urnas.

Por un lado, hay rostros nuevos provenientes de sectores sociales, artísticos, profesionales capaces, trabajadores y honestos que antes no estuvieron involucrados en actividades de índole partidario-proselitista. Por otro, gente que o ya estuvo en la administración de la cosa pública o que sigue en funciones y cuentan con gestiones dignas de ser repetidas.

Lo que el país necesita para estar inmerso en un proceso de cambio que favorezca a la mayoría, sin embargo, son ideas en acción. Fermentos con coraje y personalidad que, llegados al poder, no se dejen envolver por las antiguas miserias de los políticos tradicionales. Que mantengan su ética personal y la pongan al servicio de la patria para alcanzar un mayor bienestar para todos. Y que, sumados a otros, vayan ocupando espacios que les permitan construir fuerzas renovadoras eficaces dentro de la política.

Es posible encontrar candidatos confiables con perfiles renovadores. Será cuestión de identificarlos y darles el apoyo. El voto cruzado es un medio al alcance de todos los que van a sufragar. Eligiendo a los mejores, se hará una contribución a que el Paraguay también sea mejor a corto plazo.

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