Editorial

Es más que un caso de errores en libros; es la educación en crisis

El bochornoso caso de los errores encontrados en materiales que el Ministerio de Educación había presentado recientemente como la última novedad para alcanzar la calidad educativa en todo el país es apenas la punta del témpano. La educación no ha resultado ser la causa nacional que prometió este Gobierno; prueba de ello es la calidad de la inversión que se realiza. En el Paraguay, solamente un 3,7% del producto interno bruto (PIB) es destinado a la educación, pese a que la Unesco recomienda entre 7% y 9,8%; de esta manera, seguimos siendo uno de los países de la región que menos invierten en educación, y es por eso que el país mantiene un lamentable atraso.

El affaire horrores en libros del Ministerio de Educación (MEC), que serán repartidos a los escolares de todo el país, es una prueba más del atraso en el que nos encontramos. Los 530.000 libros fueron adquiridos con donaciones de la Unión Europea, y se gastaron en ellos casi un millón de dólares.

Hoy, la vergüenza que nos hacen pasar nuestras autoridades así como la impotencia que sentimos ante la arrogancia e inoperancia es inmensa.

Los errores fueron hallados muy tarde, cuando ya los materiales estuvieron impresos; el hecho generó numerosas críticas así como también un tendal de burlas por parte de la ciudadanía, especialmente en las redes sociales. Los materiales didácticos muestran faltas en ortografía, en concordancia y palabras separadas por dobles espaciados o espacios que no son los correctos.

Una vez enterado del caso, el ministro de Educación, Eduardo Petta, no tuvo mejor idea que atizar el fuego del escándalo, haciendo una absurda propuesta.

Que los estudiantes puedan buscar los errores ortográficos en clase para corregirlos fue la sugerencia del ministro. “Vamos a decir: encuentre el error. Que tu hijo encuentre el error en el libro, puede ser una solución. Vamos a hacerle encontrar el error al alumno como una tarea. Todo se corrige”, subrayó quien fuera fiscal, senador y director de la Patrulla Caminera.

La propuesta fue recibida en forma crítica, sobre todo por parte de los funcionarios y técnicos de la cartera, porque esos libros serán utilizados por niños de primer grado, la mayoría de los cuales todavía están aprendiendo a leer y a escribir.

Sin embargo, y dejando de lado el descarado mal reparto de culpas y de responsabilidades, uno de los aspectos dignos de resaltar en este asunto es la arrogancia del ministro, quien en su primera respuesta ante el caso de los libros, respondió con ironía. Y el ministro debe saber que se espera mucho más de él, estando en un cargo estratégico, y dado que él no es un técnico de la educación, hubiera sido mucho más digno un sencillo pedido de disculpas.

Pero el affaire materiales con errores es tan solo la punta de una realidad que no se quiere asumir. Paraguay no invierte lo suficiente en educación. Los políticos prometen mucho antes de ser elegidos y luego olvidan cumplir sus promesas. Mientras tanto, nuestro país sigue siendo uno de los que menos invierten en educación, y así permanecemos en una situación de atraso. Apenas un 3,7% del PIB se destina a la educación, cuando la Unesco recomienda invertir entre 7% y 9,8% hasta el 2030, para lograr calidad, inclusión y frenar la deserción escolar.

Paraguay tiene muy pocas posibilidades de entrar a competir en el mundo actual, y menos aún a avanzar y convertirnos en un país desarrollado si no se toman las medidas necesarias y se logra un compromiso real de las autoridades. El panorama es sombrío, a casi dos semanas del inicio de las clases, niños que apenas saben leer recibirán libros con errores (y con una fe de erratas), eso sin mencionar el estado calamitoso de tantos locales escolares. Sin dudas, la educación paraguaya está en terapia intensiva.

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