Opinión

Es hora de abrir el negocio del transporte público a gente que tenga talento y competitividad

En su afán de "calmar" a los "empresarios" del transporte público en la intención de estos de seguir aumentando el precio del pasaje, el Gobierno apela a subsidiarles el precio del gasoíl, en una medida que privilegia a gente que no tiene ninguna capacidad empresarial ni deseo de prestar un servicio óptimo a la ciudadanía. Este "empresariado" está constituido, en gran medida, por individuos con vínculos políticos, mediante los cuales continúan ganando dinero pese a un servicio de la peor calidad, con vehículos en condiciones deplorables y peligrosas para la ciudadanía.

Los clamores ciudadanos de contar con un servicio de transporte público moderno y funcional, acorde con las exigencias de estos tiempos, siempre han chocado contra la actitud cuasi mafiosa de los "empresarios" y la debilidad de los gobiernos ante ellos, debilidad nacida de los favores solicitados por los partidos políticos para las campañas electorales.

Estos mal llamados empresarios no permiten que se liciten nuevos itinerarios y defienden sus feudos con resoluciones judiciales provenientes de jueces que no deberían seguir en sus cargos si hubiera un sistema serio de Justicia. Esas resoluciones posibilitan que varias empresas sigan circulando cuando sus transportes ya no tienen las condiciones, exigidas en vano.

El Poder Ejecutivo decidió ahora otorgar al transporte público un subsidio frente a la suba en el precio del gasoíl, de manera que se mantenga el precio del pasaje, en una medida que parece más un parche para ganar tiempo que algo pensado estructuralmente. Al mismo tiempo, el Gobierno impuso unas condiciones para que las empresas pudieran acceder a dicho subsidio, condiciones tales que los propios empresarios señalan que solo podrán ser cumplidas por el 10 % de las empresas. Las condiciones señaladas son las que se exigen mínimamente para el funcionamiento de cualquier corporación.

Esta imposibilidad de cumplimiento por parte del 90 % del sector es una confesión grosera de que los empresarios del transporte público no tienen la menor condición para seguir operando empresas en un rubro tan delicado. Por otra parte, no se debe olvidar que unas 26 empresas del transporte público ejecutaron una de las mayores estafas "empresariales" al no devolver al Banco Nacional de Fomento un préstamo obtenido en 1996, que en el 2004 sumaba más de 50 millones de dólares y hoy debería ser el doble. Aún así, siguieron tan campantes.

Por todo ello, el Gobierno tiene, ante el auge económico del país y las ansias de inversión productiva que se nota en sectores empresariales verdaderos, la magnífica oportunidad de rever condiciones, itinerarios y exigencias para barrer con el empresariado espurio de manera que emerja gente nueva, moderna, talentosa y capaz, que invierta con racionalidad para explotar eficazmente el servicio del transporte público en el Paraguay. Si lo logra, este Gobierno pasará a la historia.

Un sector empresarial que se negó siempre a apuntar al menos a una mediana calidad de servicio es el del transporte público. Quienes explotan el área del transporte, vinculados a los políticos -y políticos muchos de ellos- siguen operando con sus chatarras apelando al chantaje y las resoluciones de una Justicia venal. A ese empresariado hoy se le premia con un subsidio, mientras lo que urge es abrir el negocio a gente con talento, capacidad y competitividad, como lo pide el momento histórico. Es inadmisible continuar con vehículos obsoletos.

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