Opinión

Eliminar la mafia amarilla y cuidar el bono

 

Matías cuenta en su perfil de Twitter que, cuando estaba por cumplir 10 años de antigüedad en su trabajo, lo despidieron para que no alcanzara la estabilidad laboral. Una práctica común en varias empresas. Entonces, sus únicos aliados para soportar los meses de naufragio fueron su vehículo y la plataforma de intermediación MUV. Como él, muchos son los jóvenes paraguayos que están logrando ingresos adicionales para solventar los gastos diarios e incluso para pagar sus estudios.

Es que la tecnología llega justamente para eso. Para transformar los negocios, romper el molde y expandir las oportunidades hacia las generaciones más jóvenes. Ha pasado en prácticamente todos los ámbitos, y en todo el mundo, durante siglos.

Desde hace una década, en cada presentación que hacen las autoridades nacionales, resaltan que Paraguay posee un gran bono demográfico para catapultar su economía. Es decir, que el 70% de la población tiene menos de 40 años de edad. Con esta cantinela intentan atraer inversiones, pero se olvidan de lo más importante: la seguridad jurídica.

¿De qué sirve promocionar a la juventud paraguaya si ni siquiera tiene la posibilidad de recibir una buena educación, ya que se le impide emprender para hacer frente a sus necesidades básicas?

Menos de cinco manifestaciones de taxistas fueron suficientes para inclinar la balanza a su favor y los concejales de Asunción ya están pensando establecer, por ordenanza, las edades mínimas de los conductores que quieran manejar sus propios coches para generar ingresos con Uber y MUV. Esto, a todas luces inconstitucional (atenta el artículo 86 de la Constitución Nacional del Derecho al Trabajo), ofende más por la torpeza de los ediles que por la real efectividad de la disposición.

Es que la Comuna capitalina está tan asfixiada por los tentáculos de la mafia amarilla que, para escapar a los amedrentamientos, ganar votos y otras recompensas, los concejales piensan en cualquier tontería, antes que ver la profundidad del problema.

No es novedad que las paradas son un gran negociado, donde ganan unos pocos. Esto se puede ver simplemente navegando en los sitios online de avisos clasificados. Por estos espacios públicos, que además molestan en el tráfico cotidiano, los propietarios no abonan tributos, admitió la Municipalidad de Asunción. Además, según la Subsecretaría de Estado de Tributación (SET), cada taxista registrado aportó menos de G. 100.000 por IVA en el 2018.

¿QUÉ ESTÁN HACIENDO? El conflicto actual está mal en demasiados niveles. Primeramente, no es muy inteligente que los taxistas traten de ganar la simpatía de su clientela al entorpecer su libre desplazamiento. Mientras ellos se están manifestando, los choferes de MUV y Uber dicen gracias. Como efecto contraproducente, el pasajero ahora pensará dos veces antes de contratar el servicio de taxi.

En segundo lugar, las autoridades envían un mensaje equivocado a los ojos del planeta. Demuestran que Paraguay no es un sitio ideal para invertir, puesto que cualquier tipo de innovación y transformación económica puede ser repelida por una minúscula claque.

En tercer lugar, se está poniendo en una misma bolsa a un montón de honestos trabajadores y, detrás de ellos, familias. Muchos taxistas son personas honradas y sacrificadas, pero son empujadas a este perverso juego de poder, cuando en realidad lo que quieren hacer es trabajar y competir. Así ya lo demostraron varios conductores en los días pasados, quienes se oponen al manejo de la Cosa Nostra amarilla.

Nadie objeta que deben existir reglas claras en el transporte de pasajeros, pero deben ser justas y no se puede pensar en una normativa que oprima a una parte, simplemente por el miedo electoral. El Estado, tiene que empezar a enviar señales concretas y, sobre todo, no permitir acciones violentas que dañen aún más nuestra ya endeble democracia.

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