Opinión

El velorio de los futuros difuntos

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Ni siquiera a maestros del cine de humor negro como Alex de la Iglesia o los hermanos Coen se les hubiera ocurrido una situación así. A pocos días de cumplirse 30 años de la caída de la dictadura stronista, un grupo de luchadores sobrevivientes de las Ligas Agrarias han decidido organizar su propio “velorio colectivo de futuros difuntos”, buscando disfrutar en vida de lo que sería el último encuentro con sus amigos y compañeros.

La idea surgió del reconocido poeta guaraní Gregorio Pirulo Gómez, ganador del segundo lugar del Premio Municipal de Literatura 2018 por su libro Tetãgua pyambu. Miembro fundador de la histórica colonia San Isidro de Jejuí –el utópico proyecto de “vivir como hermanos” que se inició en 1969 en San Pedro y fue reprimido a sangre y fuego por un escuadrón militar en 1975–, Pirulo pronto cumplirá 81 años, pero lo que le falta en fuerza física le sobra en dinamismo, solidaridad, idealismo e irreverencia creativa.

En los últimos meses, por su avanzada edad y delicada salud, se produjo la muerte de varios históricos luchadores que resistieron al régimen del general Alfredo Stroessner. En el velorio de Bernardo Torales, Pirulo encontró a sus compañeros sobrevivientes. Uno de ellos dijo: “Cualquiera de nosotros será el próximo difunto y no podrá hablar con los que vengan a su velorio”.

Fue cuando a Pirulo se le ocurrió organizar el “velorio en vida” de los “próximos difuntos”. Hizo correr la propuesta y pronto encontró entusiastas adherentes. A partir de la noche de este jueves 10 de enero, más de una veintena de veteranos de la resistencia contra el stronismo, llegados de distintos puntos del país, se dieron cita en una ecológica granja rural de la compañía Guasu Corá de Villeta. Allí, recreando el estilo de los “velorios campaña” de la cultura campesina paraguaya, hubo abrazos, amena plática, chistes, poesía, cantos, karu guasu, nostalgia, solidaridad, utopía renacida.

Aunque quizás muchos jóvenes de las actuales generaciones ya no sepan quiénes son estos “dinosaurios” que en los años 70 proclamaban al “hombre nuevo” y planteaban la “educación liberadora” de las “escuelitas campesinas” como una alternativa al sistema totalitario, escucharlos hablar, contar sus anécdotas, redescubrir sus ideales y sus sueños utópicos no suena a historia pasada, sino a otro futuro posible.

Hace medio siglo enfrentaban a la muerte con heroísmo cívico en las barricadas de la resistencia, en las cámaras de tortura y los calabozos de Abraham Cué, Emboscada, Investigaciones o la Técnica. Ahora se burlan de la proximidad de la muerte organizando su propio velorio anticipado, celebrando la vida y la amistad, la fraternidad solidaria y los sueños compartidos. Ellos y ellas saben que no morirán, porque el ejemplo de darlo todo –incluyendo la propia vida– por una patria digna es la mejor manera de seguir vivos en la memoria de los que quedan.

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