Política

El riesgo de la burbuja colorada

 

El presidente Mario Abdo Benítez se vio obligado a justificar y defender en cuanto acto público el controversial pacto con Horacio Cartes. Dijo que hablará con todos “hasta que le sangre la garganta” y acotó que no cedió nada ante el ex presidente, tratando de desmentir que tal acuerdo profundizaba su imagen de debilidad. Aunque no quiera admitirlo, su flaqueza permitió el reposicionamiento y fortalecimiento de su ex adversario. “No cedemos nada (al cartismo); es necesario buscar la reconciliación; las divisiones en Paraguay lo único que generan es inestabilidad”, dijo buscando responsabilizar artificialmente a la oposición, cuando se sabe que el peor enemigo de un presidente colorado es otro líder opositor colorado.

Este acuerdo diluye, por ahora, la gastada pero siempre exitosa estrategia colorada de ser oficialismo y oposición al mismo tiempo. Es decir, Honor Colorado cargará con los errores del Gobierno. Por ello, esta tregua tiene plazo de vencimiento y no se sabe cuánto le durará el oxígeno al presidente. Si Mario Abdo comete errores inadmisibles o la crisis provocada por la pandemia pone contra las cuerdas su gestión, sus aliados lo abandonarán antes que aviste el puerto, cuya llegada está marcada para 2023.

Y aquí radica, probablemente, el error estratégico del Gobierno. Marito confía totalmente su gobernabilidad a Honor Colorado, que tiene un líder impredecible. Puso todos los huevos en una sola canasta. Plantea en el discurso, pero no tiende puentes con los demás sectores políticos, y menos aún con la sociedad, que cada vez cobra mayor protagonismo y capacidad para generar inestabilidad.

Ciudad del Este es apenas un botón de muestra. Aquella protesta contra la decisión de retornar a la cuarentena cuasitotal encendió una chispa sofocada temporalmente, pero que puede volver a encenderse con mayor intensidad. Todo depende del manejo económico y la respuesta social del Estado. Por de pronto, ya fue aprobado en tiempo récord el plan de ayuda para los trabajadores de las ciudades fronterizas, conocido como Pytyvõ 2.0, y que se desembolsará en estos días.

La pandemia del coronavirus está destrozando las economías más prósperas y poderosas del mundo, y aunque se vaticine que Paraguay será el país que mejor parado saldrá de la crisis en la región, según la Cepal, las históricas deudas sociales con una desigualdad indignante, un sistema de salud público deficiente e insuficiente, una excesiva informalidad laboral que enlentece la aplicación de los programas de emergencia, pueden explotar en la cara del Gobierno en el momento menos pensado. De allí a un estallido, es cuestión de tiempo.

ACUERDO NACIONAL. El escenario delicado que conjuga crisis sanitaria, crisis económico/social con impacto político, debería obligar al presidente a una mirada más allá de los límites de su partido. La concordia colorada momentánea es una burbuja que le da una falsa sensación de seguridad. Ya cometió errores al no sostener y fortalecer su propio movimiento al asumir el gobierno. Con su filosofía lesseferista dejó que cada quien haga lo que se le cante, creyendo ingenuamente que iban a apoyar todos sus planes porque “ellos saben lo que pienso”. Antes de cumplir dos años, tuvo que apelar al salvavidas cartista, agitando temores exagerados sobre la oposición, desempolvando rancios discursos intolerantes. Ese tiempo ya pasó. Debería mirar los resultados electorales del 2018: apenas ganó por 95 mil votos a Efraín Alegre y la suma de votos de la oposición es ampliamente superior a lo que conquistó la ANR. A la hora de presidir un país, cualquier presidente está obligado a una mirada completa y no limitarse a sus correligionarios, como erróneamente está haciendo Marito, acicateado tal vez por una vieja dirigencia que quedó varada en el tiempo y mantiene esa acotada visión de que solo el coloradismo salvará al Paraguay.

La pandemia que apremia, una economía que va en picada con pronósticos poco alentadores, los escasos gestos para combatir más frontalmente la corrupción que no cesa en las numerosas áreas del Estado, y un endeble escenario político requieren mucho más que los limitados acuerdos colorados para capear la tormenta.

Y aunque parezca una contradicción, el presidente tiene en sus manos la oportunidad de lograr (con el mayor consenso posible) cambios profundos que hace tiempo están en carpeta y que solo pueden concretarse en situaciones extremas.

La remanida pero vigente frase dice que las grandes crisis son también grandes oportunidades.

El verdadero líder es aquel que sabe aprovecharlas.

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