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El reclamo de justicia del pueblo se refleja en la homilía, dijo Valenzuela

Obispo de Caacupé reiteró la disconformidad de los paraguayos con autoridades. Contó que fieles le escriben cartas en las que denuncian injusticias. Peregrinos ayer volvieron a copar la Villa Serrana.

La fiesta continúa. El cielo despejado y la suave brisa del domingo –al menos en las primeras horas de la mañana– contribuyeron para que la concurrencia en Caacupé no cese. Hasta ayer, la Basílica y alrededores estuvieron repletos de feligreses.

Para el obispo de la Diócesis de Caacupé, Ricardo Valenzuela, este año hubo un aumento en las visitas. Se estima que entre 800.000 y 1.000.000 de personas pasaron por el sitio sagrado, entre el viernes 7 y el sábado 8 de diciembre, según organizadores de la festividad mariana.

Sobre su homilía del 8, en la que advertía al presidente Mario Abdo, que el pueblo está cansado de la corrupción dijo que se guió por reclamos de fieles. “La gente se me acerca y trae mucha denuncia. Son inquietudes que quieren que se diga en voz alta. El reclamo más frecuente es la falta de justicia. Las personas se dan cuenta de que hay privilegiados; para algunos el proceso es rápido, pero otros esperan mucho. También la queja es contra los parlamentarios. Lo ideal es que las autoridades vayan junto a la gente”, remarca Valenzuela.

Con respecto a lo que fue la fiesta Mariana expresó que hubo un aumento en la participación, tanto en las misas como en las demás actividades tradicionales, en esta época, en la ciudad.

La festividad se extiende hasta el 15 de diciembre, día en que culmina el rezo del octavario a la Virgen, cuyo comienzo está marcado para las 19.00 de hoy y el rezo será en la explanada del santuario, informó el corresponsal Darío Bareiro.

Testimonios. De manera insistente doña Luciana Quiñónez empapaba con agua del Tupãsy Ykua la cabeza de sus nietos. Para ella, la intercesión de la Virgen de Caacupé fue clave en su familia. “Este año venimos con un agradecimiento muy grande, porque mi marido había sufrido un infarto. Muchas personas ya estaban esperando lo peor, pero finalmente logró superar la prueba y está vivo”, resalta la mujer que fue a la Villa Serrana desde Asunción.

Los niños promeseros, con atuendos similares al utilizado por la Virgencita, también seguían llegando. Como el caso del pequeño Robert Elías de 2 añitos. “Cuando lo tenía en mi vientre, mi embarazo era de alto riesgo, por eso le pedí a la Virgen que me ayude y le prometí que si nacía bien, iba a traerlo todos los años con una capa azul, durante 7 años”, expresa Isnardi Zayas, quien fue desde Itauguá con su hijo.

Similar historia es la de Norma Aylén, de un añito de vida. Con un vaporoso vestido blanco y un manto color azul llegó con sus padres desde Pirayú a celebrar que está sana. Su madre Noelia Meza afirma que su vida es un milagro y lo deben agradecer.

Los vendedores por su parte señalan que la Madre Celestial les regaló su bendición, logrando buena comercialización.

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