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El porqué de un libro

Nambréna se gestó hace unos años atrás, a raíz de un (des)encuentro pasional entre dos formas antagónicas de testar y entender eso que decimos y repetimos siempre: nuestra condición de paraguayos, nuestra manera de ser, de pensar y de no pensar. Nuestra eterna sumisión, nuestra valentía, nuestra resignación, nuestra lucha diaria por un Paraguay mejor. Nuestra búsqueda de la tierra buena que no está en la Tierra, de nuestras patologías y nuestras redenciones. De nuestros llantos a escondidas y las alegrías esparcidas en cada tereré de ocasión. ¿Eso somos y hacemos? ¿O somos y hacemos lo que dicen los otros?

Nos ruborizamos ante el sonido que se rompe (pu-ojeka), en homenaje a nuestra eterna incapacidad. La risa ajena quema a diario el barniz de tantas iniciativas nonatas, de mil formas posibles opacadas, ninguneadas, nambreneadas. Aceptamos sin más nuestra condición ontológica de gua'u y nuestro atributo mayor ha sido siempre la vyrésa.

Nambréna es un vocablo cuya historia gira en torno a la negación. El ¡no hombre! de los señores conquistadores, re-sumía la negación ante cualquier iniciativa del aborigen, cercenando su autonomía y autogestión. Mucho habrán escuchado los talladores el ¡no hombre!, para copiar de manera tan perfecta las imágenes de santos que los religiosos necesitaban. Esa negación-imposición, poco a poco, se fue transformando en boca de los guaraníes: naumbre, nambre, y llegó a consolidarse, por medio de una transfonetización, en nambréna. Vocablo poco feliz, impregnado de desprecio. Poderoso interruptor, la mejor marca de llave general, la peor ura que carcome nuestro pensamiento.

Durante la persecución al idioma guaraní, por parte de los aliados y los pensadores progresistas de la pos-Guerra del 70, los ciudadanos debían hablar el idioma español a como dé lugar, aunque sea de gua'u.

Gua'u no es un simple "hacerse del tonto"; es mucho más profundo, y grave a la vez. Si analizamos con detenimiento, encontramos que gua designa procedencia y u, comer. Gua'u es el disimulo perfecto, el tragarse la identidad, la procedencia y la convicción, en un ambiente donde el desprecio impide la expresión sincera del ser.

Cuando los guaraníes fueron requeridos por los españoles a que muestren el camino hacia las minas de oro, aquéllos no se quedaron mudos; pasaron información falsa y se tragaron la verdadera. Lo mismo aconteció con sus nombres e identidades. Quizá por ello, todavía hoy, lejos de nuestros antepasados, con una sonrisa amplia celebramos cuando pasamos información errónea o falsa. Es más, decimos sin ruborizarnos: "Le farreé".

La mejor manera de lograrlo es reconocer - aparte de ser gua'u nomás el quehacer- la vyrésa implícita que arropa a la misma. Vyrésa es una manera distinta de expresar indiferencia; sin embargo, el término contiene, en esencia, la actitud del sobreviviente: vy, de vyre: por debajo; re, de rehe: por; y sa, de tesa: ojos.

Es difícil sobrevivir en un terreno hostil; por eso, lo mejor es reptar por debajo de todos con los ojos abiertos (yvýre-tesa), observando con precaución el movimiento de los que detentan el poder. Usar el pellejo como mortaja segura (ñemomano).

Pero no es mala idea intentar levantarse y mostrarse tal cual uno es - a costa de vituperios y degradaciones- . Ya hemos reptado durante mucho tiempo; la vyrésa ha sido durante años nuestra aliada; y el gua'u, nuestra protección contra el nambréna.

¡Nambréna! No somos de gua'u, y lo que hacemos no es pura vyrésa.

Nambréna, del autor de esta nota, sostiene su mirada antropológica sobre tres palabras típicas de los paraguayos y su consolidación.

Filosofía

José Manuel Silvero

Investigador

jmsilvero@intersophia.org

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