Opinión

El poder y sus puertas giratorias

Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com.py

La visita de José Ortiz al Palacio de López hizo mucho ruido, pero no fue sorprendente. Son colorados y vienen dividiéndose y uniéndose sin complejos desde hace treinta años. El tiempo dirá si fue o no el punto de inflexión hacia un futuro de olvido e impunidad. Los que sí se mostraron sorprendidos al enterarse del motivo formal de la entrevista –la construcción por parte del Grupo Cartes de una cementera en el Departamento de Concepción– fueron los empresarios italianos que venían preparando un proyecto similar desde hace dos años.

Colacem es una importante productora de cemento que decidió desembarcar en Paraguay. Hace poco más de dos años sus directivos se reunieron con el –en ese entonces– presidente Horacio Cartes, el ministro de Industria Gustavo Leite y el presidente de la Industria Nacional de Cemento (INC) Jorge Méndez, a quienes detallaron los estudios geológicos, ambientales, de mercado y de factibilidad financiera de una inversión de 200 millones de dólares. Hace cuatro meses, Mario Abdo Benítez, luego de cumplir sus compromisos en el Vaticano y el Quirinal, hizo una visita privada a la planta cementera de Gubbio.

Pues bien, el proyecto que José Ortiz le presentó a Marito es demasiado parecido e implica una inversión de 180 millones de dólares en el mismo lugar. Habrá quien diga que en el mundo de los negocios triunfan los más rápidos y más vivos. Solo que esa aseveración se vuelve más complicada cuando la ventaja surge a partir de información privilegiada proveniente del nivel más alto de la INC y de los datos de los propios inversionistas extranjeros. Si todo esto luce un poco turbio, podríamos agregar otro aspecto que detona suspicacia.

El Gobierno de Cartes invirtió 80 millones de dólares, provenientes de los bonos soberanos, para aumentar la productividad de la planta estatal de Vallemí. Y la INC, en vez de mejorar, empeoró. Nada extraño, pues una auditoría de la Contraloría General de la República revela que 67 millones de dólares de dicha inversión fueron despilfarrados. Esta malversación de fondos ocurrió durante la administración de Jorge Méndez, un experto que proviene del sector privado, pues fue gerente general de Yguazú Cementos, la empresa que compite con la INC. Y es, justamente, el mismo señor Méndez quien estará al frente de la empresa de Cartes. Siendo así, ¿cómo evitar que la gente afirme que se haya fundido una empresa estatal para abrir una industria propia?

Esta desconfianza es la que dio origen al concepto de corrupción de puertas giratorias. El funcionario, luego de ocupar un alto cargo público, pasa a la empresa privada, a la que beneficia con la información que trae consigo. Esta delgada línea entre lo ilegal y lo poco ético es un área gris que motiva grandes discusiones en el primer mundo. Pero en este país de coimas primarias y feroces, es probable que estas reflexiones estén fuera de contexto.

Dejá tu comentario