Opinión

El periodismo que acalla las balas

Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

Apenas le avisaron que algo grave sucedía en el Centro de Rehabilitación Social (Cereso), principal establecimiento penal del Departamento de Itapúa, en el distrito de Cambyretá, el periodista Hernán Schuldhaus, del medio digital Itapúa en Noticias, de Encarnación, no dudó en dirigirse rápidamente hasta el lugar en la tarde del jueves.

Fue uno de los primeros en llegar y desde afuera de la cárcel transmitió en vivo a través de su página en Facebook, relatando lo que logró averiguar: tres reclusos miembros de la organización criminal brasileña PCC (Primer Comando Capital) habían tomado de rehén al jefe de seguridad, Miguel Medina, y se habían fugado en un auto tras dejar heridos a dos guardias.

Al enterarse de que el auto de los fugitivos se había detenido a pocos kilómetros y se hallaba rodeado por la Policía, se dirigió al sitio sin dejar de transmitir. En ese momento ya eran miles quienes seguían su reporte y varios medios digitales y de televisión reproducían su señal.

El instante crítico llegó cuando los delincuentes, al verse obligados a negociar con la Policía, pidieron la presencia constante de un periodista con cámara de televisión, que registre el proceso como garantía para que ellos puedan salir vivos. Temían que se les aplique la famosa “ley de fugas”. Hernán tampoco dudó cuando le propusieron que fuera él quien acompañe la recaptura de los fugados y la liberación del rehén, aun sabiendo que algo podía salir mal y que él podría resultar herido o muerto en una refriega.

De esa manera, gracias al trabajo del colega, el país pudo acompañar la tensa negociación, que fue muy bien conducida por el director de Policía de Itapúa, comisario Germán Leal, en una de esas pocas situaciones que pintan el rostro más profesional de nuestra Policía.

Para miles de espectadores fue como ver una película policial en tiempo real, con escenas sin editar, resaltando el importante rol cumplido por el periodismo como un elemento de transparencia que permitió acallar las balas y salvar vidas humanas. Fue algo muy diferente a lo que había sucedido el 16 de junio en la penitenciaría de San Pedro del Ycuamandyyú, en donde 9 reclusos acabaron muertos, decapitados e incinerados por los reclusos pertenecientes al PCC.

Además de la valentía de Hernán al arriesgar su vida para registrar la información con mucha rigurosidad profesional y responsabilidad ética, es muy interesante que haya sido un medio digital alternativo del interior del país, con herramientas de la tecnología de la comunicación en la era de internet, el que haya logrado liderar la cobertura en vivo, y que grandes medios empresariales hayan tenido que utilizar sus imágenes para mantener a la audiencia en vilo. El “periodismo móvil”, casi artesanal, le hizo cinco a cero al gran periodismo empresarial. Itapúa en Noticias dio un gran salto al hacerse más conocido ante una gran audiencia.

Por detrás del cinematográfico episodio con tintes de final feliz existe, sin embargo, una situación dramática que no se debe pasar por alto, que enunció con mucho dramatismo el ministro de Justicia, Julián Ríos: Ese jueves, día de visita en el Cereso, había solamente 19 guardiacárceles para controlar a 1.228 internos, apretujados en un establecimiento concebido para alojar como máximo a 939 personas, donde casi un centenar pertenecen al PCC. “Estamos lidiando con la organización criminal más poderosa de Sudamérica, con elementos y penitenciarías del siglo pasado, mientas ellos usan elementos del siglo 21”, admitió Ríos.

Lo ocurrido en la principal cárcel de Itapúa, aunque aparentemente haya terminado bien, debe motivar a que las autoridades asuman con mayor seriedad la amenaza del crecimiento del crimen organizado como un peligro para la democracia, llevando a que los organismos del Estado paraguayo se preparen mejor para poder hacerle frente. De lo contrario, más temprano que tarde lamentaremos otros hechos criminales muchos más graves.

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