Editorial

El país requiere cambios para lograr crecimiento económico

Las proyecciones para el año 2019 fueron reduciendo el optimismo inicial que existía, hasta casi llegar a los niveles mínimos de crecimiento. En contrapartida, se esperaba un buen desempeño en el 2020. Sin embargo, la situación se está tornando también pesimista debido a los factores que ya venían afectando, a los que se agrega la crisis de gobernabilidad política que se generó recientemente con el escándalo en torno al acta secreta sobre la energía de Itaipú. Por otro lado, la probabilidad de que el contexto regional empeore es alta, teniendo en cuenta la situación política y económica de la Argentina y los recientes acontecimientos en Brasil, que aumentan la incertidumbre.

No cabe duda de que la situación política y económica de la región es adversa a cualquier proyección de crecimiento económico en el Paraguay, por múltiples razones. Nuestros dos vecinos más importantes están pasando por momentos sumamente duros, tanto política como económicamente.

Una parte importante del comercio exterior tiene al Mercosur como origen o destino. Tanto las importaciones como las exportaciones dependen de lo que ocurra en estos países, para bien o para mal. Se escucha muy seguido por parte de referentes económicos que el mal desempeño de la economía argentina puede ser una oportunidad, porque las inversiones se trasladarán hacia nuestro país.

Sin embargo, ninguna de las crisis en el vecino país han resultado ser milagrosas para el Paraguay. En un mundo tan integrado económicamente es una falacia creer que un país puede desarrollarse gracias al mal desempeño de sus vecinos, que además en el caso paraguayo son mucho más grandes que nosotros.

Además de los factores económicos externos, el climático profundiza la vulnerabilidad de la economía paraguaya. Si bien se esperan mejores condiciones para el año que viene, teniendo en cuenta las fuertes transformaciones que se están verificando en el clima, es de una alta irresponsabilidad continuar con una estructura productiva cuyos resultados dependen de las lluvias.

A la volatilidad y vulnerabilidad que el contexto económico internacional y el clima le generaban al producto interno bruto, ahora se agregan la inestabilidad política generada por el reciente escándalo relacionado a Itaipú y los riesgos macroeconómicos que se derivan de un ritmo de endeudamiento más rápido que el del aumento de la capacidad de pago y de un persistente déficit público.

La conjunción de estos dos factores, uno político y otro económico, constituye un peligro para el buen desempeño económico. Cuanto mayores restricciones fiscales existen, mayor capacidad política para lograr consensos son necesarios.

En un contexto enrarecido políticamente será muy difícil encauzar las decisiones económicas hacia objetivos que pongan en primer lugar el bienestar de la población o los intereses nacionales. No hay negociaciones con resultados positivos en el marco del conflicto social y la desconfianza política, por lo que habría que suponer un oscuro escenario para el 2020. En las próximas semanas se iniciará el debate presupuestario, principal instrumento de la política fiscal. Este documento no es solo económico, al contrario, refleja las decisiones políticas, los privilegios y las prioridades.

Paraguay necesita con urgencia transformarse para enfrentar en mejores condiciones los cambios mundiales, el bono demográfico y los desafíos pendientes en materia de infraestructura vial, empleo, salud, educación, entre otros. Para eso necesita pactos que pongan al país en la senda de un crecimiento económico inclusivo y ello necesita nuevas y mejores políticas públicas. El año 2020 puede ser una oportunidad para realizar reformas, pero eso requiere empezar a trabajar ahora. Ojalá las autoridades y políticos que supuestamente representan a la población en sus cargos sepan dimensionar el rol que tienen.

Dejá tu comentario