Con tan solo seis largometrajes, a sus 51 años Iñárritu se hizo por derecho propio con un lugar entre los grandes del cine, con un logro que hasta ahora solo habían conseguido nada menos que John Ford y Joseph Leo Mankiewicz.
Lo logró con El renacido, su película más dura, no solo por la historia sino por un rodaje en condiciones extremas que provocó quejas de parte del equipo y que fue reconocido como espantoso por los protagonistas –Leonardo DiCaprio y Tom Hardy– y hasta por él mismo.
“No se trata del presupuesto, del género, de la ambición... Cada película es un reto, pero este ha sido el viaje más complicado de mi vida. Me rescataron mi equipo, mi reparto y mis productores. Superamos unas condiciones dificilísimas”, indicó Iñárritu el pasado enero al recoger el Globo de Oro a mejor director. “Todos sabemos que el dolor es temporal, pero una película es para siempre, así que... ¿qué importa?”, agregó, dejando en claro la filosofía de trabajo de este director al que poco importan las dificultades a la hora de poner en pie un proyecto.
Nacido en Ciudad de México en 1963, Iñárritu fue locutor de radio, lavacoches y trabajó para la televisión, entre otros empleos, antes de que en 2000 estrenara su ópera prima, Amores Perros.
Con un joven Gael García Bernal en el reparto, Amores Perros obtuvo el premio de la Semana de la Crítica en el Festival de Cannes, recibió una nominación al Oscar a mejor filme extranjero y marcó el inicio de su fructífera colaboración con Guillermo Arriaga.
Habituado a relatar historias dramáticas y sobrecogedoras siempre al límite, el cineasta sorprendió al público en 2014 con la comedia surrealista Birdman, ganadora de 4 Oscar; y con El renacido volvió a dar un giro radical, con un éxito rotundo y su segundo Oscar como director lo demuestra. EFE