Opinión

El mosquitono deforesta

Miguel H. López – @miguelhache

Por Miguel H. López

El dengue causa estragos en diversos sectores de la sociedad –con muertos y enfermos– y la prédica del Gobierno, a través del Ministerio de Salud Pública y otros organismos afines, es que la población es en parte corresponsable del combate del vector de la enfermedad, el mosquito Aedes aegypti.

Esta política de dejar sobre los demás la tarea de tantear soluciones al problema que el sector público debe atender viene siendo una de las actitudes más ruines que sucesivos gobiernos ejecutan para no hacerse cargo de su incapacidad, inoperancia y falta de trabajo serio.

Todos los presidentes que se sucedieron a lo largo de estos 30 años –tiempo aproximado en que el dengue asomó en el país– son enteramente culpables del problema y su recrudecimiento. El drama llegó a niveles tan preocupantes y se convirtió en un tema de salud pública que rebasa el interés y la capacidad de atención. No porque no haya eventualmente condiciones, sino por desidia y falta de voluntad e interés de un sector de los hospitales y de quienes deciden sobre el diseño y ejecución de políticas –o despolíticas– públicas en el país.

No es raro escuchar a un paciente con dengue quejarse de la poca, mala o casi nula atención dispensada por profesionales de blanco en los servicios públicos y privados, incluso en aquellos asignados como centros de referencia para atender estos cuadros específicos. Quizás para los especialistas del sector sea rutinario asistir gente, lo que no significa que el enfermo deba entender eso ni que la despreocupación médica sea casi como decir al que llega que es una molestia. El afectado busca reducir su dolencia y la atención debe ser menos hostil y menos deshumanizada. El juramento hipocrático, en algunos –salvando excepciones– se volvió sencillamente de hipocresía.

¿Por qué todas las veces el sistema se siente sorprendido por el brote de epidemia de dengue, al que se suma progresivamente el zika y la chikungunya? Porque no hay planificación ni interés. Es como que se esperara que lleguen los pacientes, se les atiborra con venenoso paracetamol –que las más de las veces empeora el cuadro– y los mandan a casa. No importa si agoniza o muere. Total, el año próximo habrá nuevamente epidemia...

El origen del problema es demencial. ¿Por qué antes no había dengue y ahora hay epidemia la mitad del año? El país se está quedando sin bosques. La deforestación es una de las principales razones por las que algunas enfermedades a través de sus vectores/portadores se trasladan hacia los lugares poblados por seres humanos. Esto no es nuevo y tampoco es desconocido. Sin embargo a nivel de Estado, de autoridades, no se frena. Por el contrario, se mejoran las condiciones para que la destrucción de la masa boscosa sea más acelerada, como el ilegal decreto de Cartes para desmontes indiscriminados.

Los culpables de que la población padezca y muera por dengue son los gobiernos –y sus cómplices del sector privado– que consintieron/consienten la deforestación para tráfico o cultivos de soja o cría de ganado.

Entonces, ¿quién debe responsabilizarse del problema que genera y garantizar protección a la gente? ¿O ahora van a decir que los culpables de todo, inclusive los desmontes, son los mosquitos?

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