Opinión

El medioambiente clama piedad

Darío Lugo – @darilu1970

Los vaivenes del fenómeno climático en sus últimas manifestaciones muestran con cada vez mayor crudeza hasta dónde puede llegar la naturaleza en sus extremos, haciendo que los habitantes (todos los seres vivos, en esencia) padezcamos hasta límites inenarrables las consecuencias del deterioro ambiental.

Pocas plazas y parques capitalinos pueden salvarse de un estado calamitoso, que no les permite ofrecer a la ciudadanía esa vertiente verde tan anhelada cuando las altas temperaturas sofocan la vida, además de sombras acordes para mitigar el imperio vigoroso del astro rey, en las horas más tórridas.

En la punta de la tabla se ubica lo que en otros tiempos fue un orgullo capitalino: el Parque Caballero, devenido en un lamentable espacio de alimañas y abandono. Una comisión creada para la recuperación de este estandarte de los espacios públicos pelea contra viento y marea para que se asigne un presupuesto que haga recuperar cierto esplendor a este parque, tan necesario como pulmón.

En las plazas céntricas se tuvieron que colocar cercos de hierro ante la invasión y el posicionamiento de indígenas y campesinos que las ocupaban en cada manifestación buscando una vida mejor en sus comunidades, y sobre quienes algunos seudolíderes ejercen metódicamente la manipulación, sostenida en la promesa de cumplirles sus reivindicaciones, mientras las autoridades apelan tan solo al parche recurrente ante una problemática que crece continuamente.

Los últimos focos de incendio surgidos en el banco San Miguel, en las cercanías de la bahía asuncena y en la zona aledaña a la Costanera Norte, sumados a sus réplicas en Cateura, dan cuenta –por su parte– de la inconsciencia extrema a la que llegaron personas con ganas de “atizar el fuego” (vaya expresión) en jornadas cuando la temperatura superaba los 40 grados a la sombra.

Otra gragea en la cadena –relacionada en este punto al poco interés desde las autoridades– puede también ser el caso de la laguna Cerro, en Limpio, cuyo color se transformó por el vertido de efluentes desde una fábrica que procesa pieles de animales bovinos, además del incumplimiento de las medidas de recuperación que habían sido dispuestas. Tuvo que intervenir el propio Leonardo DiCaprio, vía cuenta personal de Twitter, para que el Ministerio del Ambiente (Mades) tome más partido en busca de una solución.

El abordaje de la preservación de los espacios verdes, las plazas, el cauce de los arroyos y los pocos parques con que cuenta Asunción solo emerge del anonimato y se posiciona en la agenda pública cuando una o varias catástrofes juntas se pasaron de revoluciones y el aire capitalino está tan viciado, que ya no es posible respirar.

Mientras no ocurran desgracias contra el ambiente tal como acontecieron hace unos quince días, en que la calidad del aire asunceno saltaba tétricamente de moderada a insalubre (según sensores de la organización Aire Paraguay) con un panorama desolador que solo ofrecía humo y dañaba el sistema respiratorio, principalmente de los alérgicos, parece que no se tomará en serio la falta de planificación de las tareas de prevención y resguardo de los espacios verdes.

El vertiginoso incremento del parque automotor (gran parte del cual está compuesto por vehículos con una combustión asfixiante) contribuye al cóctel ideal para el mayor deterioro de la calidad del aire; y la alternativa de las bicicletas choca aún con la poca voluntad de generar más bicisendas, que tornen más seguro el desplazamiento.

Es necesario un mayor énfasis en acciones direccionadas a identificar y castigar a quienes inician focos de incendio, voluntad institucional para recuperar el Parque Caballero, fomentar campañas para plantar más árboles y reforestación, además de crear condiciones para el incentivo hacia el mayor uso de la bicicleta como alternativa de transporte. La ciudad estará muy agradecida.

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