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El joven de la capa azul que anhela ser obispo peregrinó desde Barrero

 

¿Quién dijo que los varones no pueden llevar puesta la brillante capa azul, en la cita con la Virgen en la Basílica? La devoción que tiene a la Virgencita y su vocación sacerdotal hacen que Silvino Penayo se sitúe por encima de todo prejuicio.

Al lado de su madre, Idalina Lesme, participaron ayer de la misa luego de peregrinar –como lo hacen desde que él tiene memoria– desde la ciudad de Barrero hasta la Basílica Santuario.

“Tengo 21 años y toda mi vida vine, hace ocho años que vengo siempre en peregrinación desde Barrero”, cuenta Silvino, que es de la ciudad de Caaguazú.

Es la primera vez que lleva puesta la capa azul hasta la casa de la Madre Celestial y explica la razón: “Tiene un significado especial para mí porque pedí que saliera de una duda que tenía sobre mi vocación y ahora pasé ya al segundo año en el seminario. Soy seminarista”, se presenta.

Está convencido de que fue la Inmaculada Concepción de María quien le orientó en medio de sus cavilaciones.

“Estoy confiado de que fue la Virgen María quien me sacó de dudas porque ella es mi abogada en ese sentido. Yo me encomiendo a ella y descubrí mi vocación, lo que es la vida consagrada”, comenta orgulloso de sentirse llamado al servicio del ministerio sacerdotal en coincidencia con el Trienio de la Juventud.

De aquí a unos 10 años –dice– se ve como obispo, celebrando una misa ante los fieles de la Virgencita. “Pienso, alguna vez, pisar este altar también; celebrar una misa. Ese es el anhelo que tengo y sé que va a ser posible, con la ayuda de María y dependiendo de la entrega que ponga”, manifiesta.

La vida consagrada y el servicio a las personas es lo que movió a Silvino a inclinarse hacia el sacerdocio. “Me gusta la vida consagrada, el estilo de vida que llevan; una vida totalmente entregada al servicio y tengo 11 años de servicio en el altar como monaguillo”, refirió sin olvidar a sus padres que –comenta– “me educaron en la ayuda desinteresada a las personas necesitadas”.

Tanto sus padres como su comunidad en Caaguazú le apoyan en su decisión. “Posiblemente el próximo año voy a pasar al Seminario Mayor que está en Asunción”, anuncia manteniendo un semblante alegre,

Como Silvino, miles y miles de promeseros arriban junto a la Santa Patrona de los católicos paraguayos como signo de afecto y fe. Agradeciendo por lo concedido y encomendándose para una nueva gracia mariana.

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