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"El hombre moderno tiene hambre de Dios en todos los niveles"

Su deseo es que el Paraguay se rinda a Cristo y conozca que existe una mejor vida si uno conoce a su Creador. No se arrepiente de la decisión que tomó de predicar el mensaje cristiano.

Por Alfredo Martínez

Luis Palau, consagrado orador, maestro, autor y líder espiritual cristiano en 50 años de labor evangelizadora, y que ha encabezado reuniones masivas de gran impacto social en diversas ciudades, alrededor del mundo, se encuentra desde el pasado lunes en el Paraguay. En el tiempo que lleva se ha reunido con autoridades políticas, religiosas y empresarios. De una personalidad cautivadora, concedió una entrevista exclusiva a Última Hora para hablar de su experiencia religiosa.

-¿En qué consiste el desafío de difundir hoy el mensaje de Dios?

-Yo cuando era muchacho pensaba: si se entregan a Cristo: presidentes, vicepresidentes y ministros, cambiamos el país. Después de 50 años, al estudiar la historia y ver y observar, me he dado cuenta de que los cambios vienen de abajo hacia arriba. Sí, los políticos tienen fuerza, tienen poder, pero menos de lo que uno piensa. Para mí el mensaje no es religioso, es realista y es una relación personal que transforma la vida. Dios levanta a la persona, le trae sentido a la vida, le trae alegría en medio de todos los problemas del mundo.

-¿El hombre de hoy sigue preparado para recibir el mensaje de Dios en medio de tanta tecnología y conocimientos que ponen en duda su existencia?

-La verdad que sí. El que descubrió la penicilina era un científico escocés, creyente de Cristo. Newton era un gran cristiano. Muchos de los grandes científicos eran creyentes.

-Pero en la actualidad hay quienes ponen en duda la existencia de Dios...

-Una minoría usa su fuerza intelectual, sus grados universitarios, para atacar, y uno se pregunta: "Si no hay Dios y si es de tan poca importancia, ¿por qué le dedican tanto tiempo? Que se ocupen de algo más importante. Si no hay Dios, ¿para qué atacarlo?".

-¿Cree que la gente piensa diferente?

-La verdad es que la gente tiene hambre espiritual y la gente honesta dice: "Yo quiero saber cuál es mi destino, cuál es el propósito de mi existencia, de dónde vine yo, cómo fui creado". Y yo creo que hay hambre, lo veo en todos lados. Hay hambre de Dios a todo nivel, y yo lo noto. Hay que acercarse a la gente de manera prudente, no atropellando ni insultando. A veces los que creen que son atacados por los ateos responden con trompadas, cuando hay que hacerlo con respeto.

-¿El alejamiento del hombre moderno de Dios es algo natural o es que la gente que debió llevar la Palabra de Dios no hizo bien su trabajo?

-Es algo natural, para comenzar, porque desde que cayeron Adán y Eva y los primeros seres humanos, la conciencia está oscurecida, el intelecto está confundido, y lo que el dinero no puede comprar, y lo que la universidad no puede explicar y la ciencia no pude resolver, es lo que Cristo nos vino a traer. La gente está contenta, come, pasea, viste, escucha música, tiene diversión en televisión y tiene la tendencia de pensar: "Estamos bien"; pero solo al terminar la carrera piensan: "¿Y qué del porvenir y qué de la eternidad?".

-¿Allí se ha fallado?

-No hemos salido a decir: "Hay una mejor vida, muchachos, hay una vida espectacular, si uno le conoce a su Creador, porque el ser humano se compone de cuerpo, alma y espíritu". Al cuerpo más o menos lo atendemos. El alma es la personalidad -intelecto, emociones y voluntad-, y con la educación y la sicología medio tratamos el asunto, pero el espíritu está muerto. Todos nacimos con un vacío interior, que solo Dios puede llenar, y ese vacío es el que el hombre moderno, a pesar de su educación, su cultura, su viaje, su buena vida, no lo puede llenar.

-¿Por qué?

-Busca llenarlo con una mujer, con otro hombre; busca en los tragos, en las drogas, pero ese vacío solo lo puede llenar Dios. Y allí es donde la Iglesia debiera estar haciendo nuestra labor. Por eso estoy acá, para ayudarles a los paraguayos a que gocen de la vida. A mí me vuelve loco que tanta gente sufra, cuando pudiera gozar de la vida si lo tuviera a Cristo en el corazón.

-¿Dónde es más fácil predicar: a una sociedad desarrollada o a una menos desarrollada?

-Fácil, en el sentido de que lo escuchan, yo diría que el mundo intelectualoide, porque hay muchos intelectuales que buscan a Dios. Y es difícil, porque muchos de los profesores se especializan en tratar de destruir la fe de los muchachos en la universidad. Entonces, hay un cinismo en el mundo intelectual. Muchos de los escritores de los últimos 100 años han hablado en contra de Dios malinterpretando la historia.

-¿Y cómo es entre los no intelectuales?

-En el mundo muy pobre, mucho más humilde, entienden mucho más el concepto de Dios. Hay un respeto para el Creador. En lugar de darle el honor a la ciencia, reconocen que tiene que haber un Creador y son más cuerdos que los que tienen mucha más educación. Cuando entro en discusión por ahí, en vivo, con un ateo, y me dice que el mundo apareció de la nada, le digo: "Usted tiene más fe que yo, porque yo no puedo concebir cómo de la nada apareció todo esto. Tiene que haber una mente, una persona inteligente... Tengo un bebé en mis manos y sus deditos son perfectos, y usted me dice que esto es un accidente biológico. Pues yo no lo puedo aceptar, usted tiene más fe que yo".

-¿Prefiere a los pobres, entonces?

-Para mí es más fácil hablar con gente humilde de corazón, sea del nivel intelectual que sea y de la educación que sea. La persona más difícil es la persona arrogante. Pero yo me he encontrado con ateos, muchachos universitarios que cuando uno comienza a discutir con ellos, creen que no hay pruebas de Dios; pero uno empieza a conversar con ellos y se abren en privado.

-¿Por qué decidió ser hombre de Dios?

-Hombres de Dios son todos los que sirven a Cristo, no solo los que se entregan a predicar. Yo decidí seguirlo porque cuando mi padre murió, esto tuvo un impacto en mi vida. Él era un muchacho de 34 años de edad, murió jovencito. Mi padre estaba en la cama, a punto de morir, se incorporó en el lecho y empezó a cantar una canción sobre el cielo. Apuntó al cielo -ya se moría- y dijo: "Me voy a estar con Cristo, que es mucho mejor", y después se fue. Y eso a mí, un chico de 10 años, me impactó: se fue cantando con la paz y la seguridad de saber a dónde iba. Por eso yo estoy por todo el mundo ganando gente para Cristo, porque qué triste es morir sin saber a dónde se va, cuando uno puede saber que va al cielo, el lugar que es la casa del Padre, de perfección absoluta.

-¿Se arrepiente de la decisión que tomó?

-¡Ni soñar! Quisiera 50 años más para poder seguir llevando el mensaje. Para mí ese deseo de llevar el mayor número de personas a Cristo es el sueño de mi vida.

-¿Algo con lo que usted sueñe y que desea cumplir?

-Que los paraguayos tuvieran la vida que a mí me ha tocado vivir, en el sentido espiritual. Los paraguayos son dulces; para mí es uno de los países más dulces del mundo. Que no pierdan eso. Y creo que si entendieran bien el mensaje hermoso de la Buena Nueva de Jesucristo, lo abrazarían, se entregarían y lo seguirían. Hay mejor vida. Eso es lo que a mí me conmueve. Así que sueño que todo el Paraguay oiga la voz de Dios y se rinda a él.

A mí me vuelve loco que tanta gente esté sufriendo en el mundo, cuando pudiera estar gozando de la vida si tuviera a Cristo en el corazón

Todos nacimos con un vacío interior que solo Dios puede llenar. Y ese vacío es el que el hombre moderno, a pesar de su educación, no lo puede llenar.

CONVERSIÓN DE UN ALTO FUNCIONARIO DE CHINA COMUNISTA

-¿Cuál fue la mayor satisfacción que tuvo durante su ministerio?

-Tiene que ver con un individuo que he podido guiar a Cristo en China. Cuando era chico, mi madre nos leía historias de un misionero que fue a la China. A mí me conmovió, y recuerdo que oraba por ese país y dije que algún día iría a hablarles a los chinos acerca de Jesús, porque no lo conocen. En el año 2000, al fin se abrió la puerta y allí el Señor me puso en contacto con un alto jefe del Gobierno de la China y que quizás va a ser el próximo primer ministro o presidente. Era muy ateo, marxista, y fue uno de los líderes de la revolución cultural de Mao.

Este señor es el responsable de las relaciones exteriores de la República Popular de China ahora. Él se entregó a Cristo hace un año y medio, y yo le pude ayudar a eso. Está en mi libro Diálogo amistoso entre un ateo chino y un cristiano.

Y yo lloraba tanto por la China y pedía tanto por ese país, y veo como que Dios quiso contestarme. Quizá esta sea una de las macroexperiencias, una de las mejorcitas.

Son individuos que me dicen: "Palau, soy de Cristo gracias a usted; eso es lo más lindo que hay".

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