Editorial

El Estado cede su soberanía a grupos violentos en el Norte

El Norte sigue desprotegido y sus pobladores a merced de las bandas criminales que dominan esta zona del país. Nunca como antes quedó demostrada la total ausencia del Estado paraguayo en el lugar como se dio con los últimos acontecimientos. Hace muy poco tiempo, el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) concluyó con éxito las negociaciones con los familiares de dos colonos menonitas que permanecieron secuestrados por el EPP por más de 160 días. Ni militares ni policías, y mucho menos la Fiscalía, tuvieron participación en las gestiones y en el pago del rescate. Es hora de que el Gobierno reaccione.

En la zona Norte del Paraguay, el autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo hace lo que quiere. Secuestra, mata, extorsiona y prácticamente gobierna imponiendo miedo y terror.

Con la reciente liberación de dos colonos menonitas que permanecieron secuestrados por el EPP por más de 160 días, quedaron más que nunca en evidencia las duras realidades que viven los pobladores de esta región del país. La liberación de los colonos menonitas Bernhard Blatz y Franz Hiebert Wieler es un mérito solo atribuible al hecho de que sus familiares cumplieron cabalmente las exigencias del EPP, pagando por el rescate y distribuyendo víveres a familias en condición de vulnerabilidad.

No es solamente miedo lo que se ven obligados a soportar cotidianamente. En el desprotegido y olvidado Norte, productores y ganaderos se ven obligados a pagar un impuesto revolucionario al EPP, ante la impotencia de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC).

El obligado pago del denominado impuesto revolucionario es la muestra más clara de que el Gobierno, pese a los recursos asignados para marcar presencia en la zona, en realidad no tiene idea de lo que sucede. De acuerdo con publicaciones de este diario, es un secreto a voces el hecho de que los colonos se ven obligados a pagar este impuesto revolucionario establecido por el EPP. También los ganaderos de la zona deben eventualmente proveer víveres, o permitir que los miembros del grupo armado tomen cada tanto algún animal vacuno para faenarlo.

El grupo criminal sin duda alguna le marca la agenda a este Gobierno. Secuestra cuando y a quien quiere, les cobra el rescate a los familiares y libera a sus prisioneros en las condiciones en que ellos determinan. La FTC, que en cinco años no ha logrado probar su eficiencia en esta lucha –y le ha costado millones al Presupuesto de la Nación– se mantiene en la zona como mero decorado, dado que las pautas las marca el EPP.

Mientras tanto, permanece secuestrado en manos del grupo armado, el suboficial de policía Edelio Morínigo, quien está en manos del EPP desde hace 1.315 días. Asimismo, el ganadero Félix Urbieta se encuentra retenido ilegalmente por una escisión del EPP, el Ejército del Mariscal López, desde hace 484 días.

Urge un replanteamiento de toda la estrategia de lucha contra el grupo criminal Ejército del Pueblo Paraguayo desde el mismo Estado. Porque es ya inadmisible que se permita que estos grupos mantengan en zozobra a los pobladores del Norte. Por otra parte, la FTC debe devolver la seguridad y la credibilidad en los organismos especializados, tanto la Policía Nacional como instancias de la Justicia, al pueblo paraguayo.

Es hora de que el Gobierno emprenda acciones más decididas en el combate a los grupos que aterrorizan al Norte con sus crímenes y su impunidad.

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