Arte y Espectáculos

El encanto del arte en plena calle

 

Son talentosos y arriesgados. La bohemia la llevan en la sangre, así como la decisión de superar obstáculos a fin de vivir de aquello que les apasiona: el arte. Son los artistas callejeros, creadores que encuentran en la vía pública un espacio de expresión e inspiración. Algunos vienen de lejos, otros son locales, pero, en cualquier caso, su presencia le da un toque especial a la ciudad.

Son cerca de las 17.00 y entre el ruidoso trajín vehicular del microcentro, una canción de Eric Clapton resuena cimbreante en el ambiente. Le sigue un clásico de Pink Floyd. Es Giovanni Mba’e –nombre artístico– a quien lo encontramos sobre calle Palma e Independencia. Con su guitarra eléctrica, voz y sonido de trombón hecho con la boca, cautiva a los transeúntes. “Estoy tocando en el centro desde este año. Lo hago principalmente en horas de la tarde. Antes solía hacerlo de noche y llevaba otros músicos, pero ahora me dedico más a tocar solo”, comenta Giovanni (36), que cuenta con un repertorio con clásicos del pop y rock, que incluye el folclórico fusión.

El músico paraguayo explica que actuar en la calle le permite disfrutar de la música y vivir de esto; conocer gente y obtener contrataciones. “He experimentado la solidaridad y la buena onda. La gente te agradece, felicita y colabora. Muchos te dicen que es bueno porque la salida del trabajo es diferente con música. La chipera te ofrece su chipa y cocido en forma gratuita, los cuidacoches y vendedores te prestan cosas, el panchero que me da el tomacorriente, sin cobrarme nada, porque ‘quiere que surja y salga adelante’, me dice”, relata.

La frase en portugués pintada en el estuche de su guitarra: “El show es gratis y la colaboración es voluntaria”, obsequio de un poeta en Curitiba, le basta para recibir la colaboración monetaria. “Nunca pedí colaboración, solo toco y lo que junto me da para vivir. La gente que colabora es la que trabaja en el centro; estudiantes, músicos, cambistas y otros; los turistas son los que menos dejan”, dice Giovanni, quien está grabando un disco con temas propios, con el baterista Walter Rodríguez.

PURO CIRCO. Juan Diego Martínez es un joven colombiano de 22 años, que ama el circo. Lo encontramos en la esquina de República Argentina y Pilar, caminando sobre una cuerda elevada y realizando malabarismos. Su sueño es ser parte del elenco estable de un circo. “Estoy en Paraguay hace casi un mes y quiero juntar dinero para ir a Rosario (Argentina), para tomar cursos de clown”, apunta el artista, que desde los 19 años recorre Sudamérica, desarrollando su arte.

“Estuve tres años en la Escuela Nacional Circo para todos, en Bogotá, donde estudié equilibrio, doble altura, trabajo de cuerpo; pero hay muchos artistas y uno tiene que encontrar su espacio, y estoy en ese proceso. Gracias a Dios no falta nada. Trabajo duro pero junto lo necesario para ahorrar. También hago show en eventos familiares”, explica.

Antes de llegar a Asunción, Juan Diego estuvo por ciudades de Perú, Ecuador y Brasil. “Estoy con otros artistas y nos alojamos en un hotel en la zona de la Terminal, pero cada uno se busca un espacio donde actuar”, dice el malabarista, que trabaja de 7.00 a 12.00 y luego de 16.00 a 20.00 en diversas esquinas. “Yo amo el circo, esto es lo que quiero hacer. Con esto puedo viajar, conocer lugares y no quedarme encerrado en una oficina. Estoy haciendo literalmente lo que me apasiona”, concreta el joven, que tiene una hermana sicóloga y sus padres viviendo en Bogotá. “Los extraño mucho, y ellos se preocupan porque trabajo en las calles, pero para alcanzar las metas hay que sacrificarse. Hablo con frecuencia con mis padres”, menciona.

INSPIRACIÓN. Para el pintor y dibujante Emilio Cutillo (38), la calle es una fuente de inspiración. Sus cuadros en óleo reflejan paisajes, eventos y vivencias que se observan en el centro. “Hace 15 años que me dedico a esto. Primero realizaba caricaturas en calle Palma, pero luego estudié la técnica del óleo al natural, en el Instituto de Bellas Artes. Allí, la profesora Isabel de Anda me enseñó a ser libre con el arte, a salir, a no depender de la foto o solo meterme en el taller”, explica Emilio, quien se instala al azar en las calles del microcentro para pintar.

“Veo algo que me interesa y lo pinto. A veces lo hago como una crónica. Pinto lo que estoy viendo, como fue con los niños indígenas bañándose en la Plaza Uruguaya o cuando los chicos tomaron un colegio y pasaba por ahí. Es más como una crónica, captando el instante, como una bitácora de vida”, señala el pintor, que generalmente trabaja en horas de la siesta y la tarde, entre dos y tres horas. “Vivo absolutamente de esto, de la venta de mis cuadros inspirados al aire libre. Utilizo la técnica de las manchas para realizar las formas, por eso trato de simplificar. Creo que menos es más. Lo simple me parece más elegante”, concreta Cutillo.

Artistas con talento y toques de bohemia. Un diálogo con los protagonistas del arte callejero, un fenómeno cada vez más visible en Asunción.

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