Opinión

EL DISCRETO ENCANTO DEL CÁNCER

Por Guido Rodríguez Alcalá

"Toda criança tem o direito de ser criança". Eso si OMO las deja crecer. Com OMO, criança pode ficar doente. OMO es el jabón en polvo que viene del Brasil, con un envase completamente en portugués. Debiera traerlo en castellano, o en castellano y portugués, pero no. Es melhor para a firma mandarlo todo en portugués, con esa máxima conmovedora de que los niños tienen derecho a ser niños, que viene en el envase de OMO, de donde lo he copiado.

Del dicho al hecho hay mucho trecho. En el mismo paquete de OMO en que se declara el amor a los niños, viene una cantidad de fosfato que perjudica la saúde de los niños, de los adultos, de los peces, del medio ambiente en general. El fosfato, según una resolución de Mercosur, produce cáncer. Por eso se lo ha prohibido o reglamentado en el Mercosur, en la Unión Europea, en los países avanzados en general. En el Brasil, se ha decidido que cada vez se ponga menos fosfato en los jabones, hasta hacerlo desaparecer por completo. Para cumplir la ley en el Brasil, los productores violan la ley en el Paraguay: meten acá lo prohibido allá, gracias a la Corte Suprema de Justicia, que demuestra una peligrosa simpatía por el cáncer.

Este tipo de discriminación es sorprendente. Por decreto 3216/09, el Gobierno paraguayo prohibió el uso del fosfato en la fabricación de los jabones. Los productores nacionales tienen que ajustarse a esa norma; los productores extranjeros no. ¡Qué patriota es la Corte Suprema! Para honrar el Bicentenario, la Corte nos recuerda que todavía debemos descolonizarnos. Lo hace para concientizarnos, no para enfermarnos. Para que le tengamos más "raiva" a las injerencias extranjeras y defendamos la nacionalidad como los próceres de mayo.

El infierno está empedrado de buenas intenciones. El propósito didáctico de la Corte viola la Constitución, cuyo artículo 7 concede el derecho a vivir en "un ambiente saludable y ecológicamente equilibrado". En un ambiente saludable no crecen las algas como crecen las del lago de Ypacaraí gracias al fosfato que nos regalan los importadores con cada paquete de jabón. Las algas consumen el oxígeno del agua y matan a los peces, en Ypacaraí y el resto del país. El artículo 8 de la Constitución dice que se debe reglamentar el uso de productos que pueden dañar el medio ambiente. El uso está reglamentado; el reglamento fue declarado so'o por los guardianes de la ley. Y así vamos a convertirnos en el basurero del Mercosur.

Como el Poder Judicial persigue a los productores paraguayos, la gente comienza a tomar posturas críticas. En este sentido, es muy positiva la actitud del intendente de San Bernardino, el señor Zubizarreta. Zubizarreta decidió prohibir en San Bernardino el uso de los jabones con fosfato. Es un buen ejemplo que debieran seguir los demás intendentes del país, para compensar en parte la discriminación contra los compatriotas. Quienes no ocupan cargos públicos han comenzado a dejar de comprar los jabones con fosfato; el boicot es una justa reacción contra el abuso consagrado por malabarismos judiciales.

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