Opinión

El coraje, el narcotráfico y la Iglesia Católica

Por Gloria B. Rolón L. - grolon@uhora.com.py

Aunque nos espante, nos alarme y hasta nos dé miedo todo lo que está ocurriendo en el país con respecto al narcotráfico y su vinculación con la política criolla (nunca antes ese maridaje había quedado tan abiertamente expuesto y evidenciado como ahora, a través de los medios de comunicación), es importante que quienes llevan adelante las investigaciones sientan que cuentan con el apoyo de  la sociedad paraguaya.

El que mejor graficó, en estos días, lo que como sociedad nos hace falta explicitar aún más, fue el obispo de Caacupé, Monseñor Claudio Giménez: "Juntos, pueblo, autoridades e Iglesia debemos poner el hombro para el cambio necesario en diversos ambientes, sobre todo, en la política teniendo en cuenta el ingreso del narcotráfico".

E insistió en que para ello, antes, habrá que, necesariamente, cambiar la justicia, y el cambio en la justicia debe venir por la cabeza, ergo los miembros de la Corte Suprema deben irse. "No se puede avanzar si no hay justicia, eso es sentido común", dijo, para luego llegar incluso a hacer un paralelismo entre los cambios que se dieron en la Iglesia Católica y los que deben darse en el país ("el cambio de obispos trajo nueva vida a la Iglesia en Paraguay").

Parafraseando al papa Francisco, Dios debería darnos a los paraguayos y paraguayas una buena gran "dosis de sana inconsciencia" para afrontar y enfrentar el flagelo del narcotráfico.

Y es por ello que, coincidiendo con Monseñor Giménez, no podemos "perder el coraje" y mucho menos vendernos al mejor postor.

He ahí la clave de todo. El coraje. Tener el valor necesario para seguir con las investigaciones sobre narcotráfico aunque sus principales exponentes, ubicados en diferentes esferas del poder, amenacen y chantajeen.

Los ciudadanos de una vez por todas debemos entender que el narcotráfico, si bien construye imperios de poder y dinero, nos obliga al resto de la sociedad a pagarlo con un muy alto sobreprecio, la vida de nuestros hijos.

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