Opinión

El conservadurismo paraguayo

Por Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com.py

La crisis actual ha dividido de manera profunda a la sociedad paraguaya. Solo en las décadas del treinta o el cuarenta del siglo pasado hubo conflictos políticos con un sesgo ideológico tan marcado. Fue la resolución dramática de una extraña singularidad nacional: un presidente que se decía socialista, al frente de un país con una matriz social y política extremadamente conservadora.

No fue una crisis partidaria, pues en uno de los polos del conflicto están agrupados por lo menos cinco partidos políticos y, en el otro, una difusa constelación de pequeños partidos de izquierda y organizaciones sociales. Fue una crisis ideológica, en la que a la coalición conservadora se sumaron poderosas fuerzas externas, como los gremios empresariales, la jerarquía católica y buena parte de la prensa comercial.

Esto contrasta con una realidad soterrada: la enorme desigualdad social que puede llevar a una espiral de violencia en el campo. Recuerde que fue en Curuguaty donde detonó la conmoción pública que aprovecharon los oportunistas políticos para cargarse al gobierno de Lugo.

Esa visión conservadora, incapaz de comprender los cambios que se están produciendo, explica el clima de guerra fría y anticomunismo visceral que observamos. Se ha reflotado un lenguaje prehistórico que tiene reminiscencias de Alejandro Cáceres Almada y La voz del coloradismo. Volvemos a escuchar "zurdaje", ideologías foráneas, idiotas útiles, izquierda nunca más y otros oxidados términos que descalifican como "bolivariano" todo lo que se mueva y lo asimila a lo delincuencial.

La derecha prefirió sacarse al Lugo que tenían atragantado desde 2008 que medir el daño institucional que provocarían. Tenían un dolor ideológico, puesto que no podían acusarlo de haber afectado sustancialmente sus negocios. Al contrario, muchos de ellos tuvieron más ganancias en los años de Lugo que durante los gobiernos colorados. Varios de los nuevos ministros aseguraron que seguirán la línea de sus predecesores. Igual, Lugo era insoportable, era socialista.

Ahora, ¿en serio lo era? A veces lamento que no lo haya sido de verdad. Lugo solo abrió caminos incipientes para que el Estado se vuelque un poco más hacia lo social, hacia los excluidos. Eso fue inédito, pero no puede calificarse de socialismo.

El conservadurismo nativo está ahora sorprendido del duro juzgamiento que la comunidad internacional tiene sobre lo que hicieron. Están desinformados, dicen. En su propia mirada, chata y anacrónica, bastará con apelar al indómito león guaraní para enfrentar a la Triple Alianza y los legionarios paraguayos.

Con puro nacionalismo y códigos políticos del siglo antepasado pretenden responder las demandas sociales del más desigual de los países de Sudamérica. Pobre Paraguay, tan pobre y tan conservador.

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