Editorial

Educar y a la vez sancionar a los que arrojan basura a las calles

Con cada lluvia se observan las mismas lamentables escenas: casi la totalidad de los sumideros y las bocas de desagües pluviales de Asunción y de otras importantes ciudades de país quedan taponados por completo, debido a la gran cantidad de basura que mucha gente arroja a los raudales en las calles. Esta acción de gran falta de conciencia ciudadana aumenta la contaminación de los arroyos y demás recursos hídricos, aumentando el riesgo de salud publica de la misma población. En el caso de la capital, los infractores se exponen a elevadas multas, que pueden llegar a los 219 millones de guaraníes. Es importante insistir en la educación ambiental pero a la vez ser más estrictos en penalizar a quienes cometen tan graves faltas contra el ecosistema y la convivencia ciudadana.

Una imagen en la portada de la edición de ayer de este diario demostraba toda la crudeza de una situación que ya se ha vuelto común con cada lluvia, sea torrencial o moderada. Un sector de la calle Yuasy’y casi Yvapobó, en inmediaciones de la Terminal de Ómnibus de Asunción, aparecía convertido en un gran vertedero, con grandes cantidades de basura que habían sido arrastradas por los raudales tras una de las últimas lluvias, flotando en una especie de pileta improvisada, taponando todos los sumideros y las bocas de desagüe cloacal.

Las lamentables escenas obedecen a una situación de inconsciencia de muchos ciudadanos, que aprovechan los días de lluvia para arrojar su basura a los raudales, esperando eliminar de ese modo los desechos domiciliarios o de otro tipo que producen. El nocivo resultado es que los residuos terminan taponando los de por sí precarios sistemas de cloacas y alcantarillados, convirtiendo sectores enteros de la ciudad, incluyendo a transitadas avenidas y calles céntricas, en verdaderas réplicas del vertedero de Cateura.

Esta circunstancia, además de afear el paisaje urbano y degradar el entorno, tienen un efecto pernicioso para la salud de la misma población, ya que contaminan el ambiente, provocan la colmatación de los canales y aumentan la polución de los arroyos y cursos hídricos.

Lo llamativo de esta ilegal práctica es que incluso se da en barrios asuncenos en los cuales se cuenta con el servicio de recolección de residuos sólidos domiciliarios por parte de la Dirección de Aseo Urbano de la Comuna capitalina, pese a que la Ordenanza 408/14 de Basura Cero, que establece una multa que va entre G. 1.625.040 (20 jornales) y G. 219.380.400 (2.700 jornales) para quienes dispongan residuos en paseos centrales, calles, avenidas, plazas, parques, arroyos y otros; así como a la red de alcantarillado sanitario o a través de raudales y corrientes de agua. El Código Penal paraguayo incluso establece en su artículo 200, sobre Procesamiento ilícito de desechos, que todo aquel que “tratara, almacenara, arrojara, evacuara o de otra forma echara desechos fuera de las instalaciones previstas para ello, o apartándose considerablemente de los tratamientos prescritos o autorizados por disposiciones legales o administrativas, será castigado con pena privativa de libertad de hasta cinco años o con multa”.

La inconsciencia de la población supone una grave problemática. En algunos casos, tras una importante lluvia, los obreros del Departamento de Aseo Urbano han debido recolectar hasta cerca de 30 mil kilos de basura para liberar los desagües y sistemas de alcantarillado.

Es importante insistir en la educación ambiental pero a la vez ser más estrictos en penalizar a quienes cometen tan graves faltas contra el ecosistema y la convivencia ciudadana.

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