Opinión

Educación sexual para decidir

Solo hace falta un padre permisivo para que, en promedio, un grupo de cinco niños de entre 8 y 12 años tengan acceso a un celular y observen e interactúen con páginas de pornografía.

No es un dato estadístico, se basa en la observación de decenas niños que tienen acceso a celulares en las escuelas de todo el país.

Por ello, es extraño que los padres se nieguen a que los docentes enseñen en las escuelas sobre educación sexual, desde los 8 años, en un lenguaje adecuado y comprensible de acuerdo con la edad de los educandos.

Negarnos a ver que los niños de hoy tienen mucho más acceso a cualquier tipo de información de las que teníamos antes es, como mínimo, injustificable. Ya pasó el tiempo en que el único mecanismo para acceder a pornografía era comprar (o sustraer de alguna persona) una revista en papel.

Hoy, los recursos de acceso a cualquier tipo de información a través de internet son ilimitados.

No importa que como padres tomemos todos los cuidados y controles necesarios para evitar que nuestros hijos consuman información no adecuada para su edad, si un solo padre o madre le da el celular a su hijo sin prestarle la mínima atención, varios de sus amigos del barrio o compañeros de escuela podrán acceder a todo tipo de contenidos.

La prohibición por parte del Ministerio de Educación de la utilización de la Guía para docentes sobre educación integral de la sexualidad abre de nuevo el debate sobre el país que queremos construir y dejar a las nuevas generaciones.

Se puede discrepar con algunos puntos contenidos en la guía, pero es absolutamente necesario hablar sobre sexualidad en escuelas y colegios.

En esta guía se definen conceptos sobre sexualidad y genitalidad. Cita a la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde se señala que la educación integral de la sexualidad no ha de ser la mera transmisión de información sobre la reproducción humana impartida en la escuela, sino que comprende un conjunto de saberes, valores y comportamientos que pueden aprenderse en la escuela.

Además, con este material se pretende guiar al docente para que pueda detectar señales de posible abuso infantil en sus alumnos.

Como país, necesitamos avanzar en el debate sobre sexualidad y perspectiva de género. Es la única manera de lograr una sociedad más justa para mujeres y hombres.

A pesar de que estamos en pleno siglo XXI, hay madres que no hablan con sus hijas sobre la menstruación o cómo usar toallas higiénicas o tampones, y niñas que consultan con amigas de su edad sobre temas que deberían ser hablados con adultos, en forma responsable.

Ya no se puede seguir perdiendo tiempo en debatir cuándo se deberían iniciar cambios en la educación para contemplar temas relacionados con la sexualidad, porque la información fluye, aunque no hablemos de ello con nuestros niños y adolescentes.

Hay que perder el temor y dejar de pensar de que si evitamos hablar sobre perspectiva de género no “avanzará” la homosexualidad.

Mientras más se sepa sobre educación sexual será más fácil para niños y niñas entender su cuerpo y poder hablar cuando alguien intenta o abusa de ellos y ellas.

Seguir manejando la educación sexual como un tabú nos condenará a seguir en la prehistoria.

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