Arte y Espectáculos

Drama humano expuesto en clave poética

Así la vimos -- Las herederas

Sergio Noe

El lesbianismo, que hoy tiene sus defensores y detractores, se mantiene latente en la premiada película paraguaya Las herederas como presupuesto central, mostrando la dramática relación de dos mujeres, donde una es más dominante que la otra.

Esto es clave para entender el filme, ya que resalta un solo aspecto que pareciera ser central en el drama humano, sicológico y existencial de una mujer como nunca antes se mostró en el cine paraguayo. El personaje principal de Chela (Ana Brun) logra una excelente interpretación gracias a la elocuencia de sus gesticulaciones oculares y faciales, así como del lenguaje corporal ante la cámara, que parece preferirla.

La depresión, el dolor, la ansiedad, los silencios y pausas e incluso la gran desesperación que corroe el alma de Chela a través de sus escasos diálogos muestran a una mujer atrapada en una cárcel de la cual parece difícil de escapar. Chiquita (Margarita Irún), su compañera dominante que sí pasa por un encierro real en la penitenciaría del Buen Pastor, va a segundo plano cuando Chela descubre un nuevo mundo, en el cual tienta esbozar su propia vida a través de titubeantes decisiones en ausencia de su pareja.

El ritmo del filme se muestra relativamente lento, sin caer por ello en el aburrimiento, quebrando el drama con toques de humor y complementando el filme con una fotografía y diseño de arte de gran calidad.

La selección musical de obras clásicas y paraguayas es acertada y exquisita, en una suerte de acompañamiento puntual a los momentos álgidos que atraviesa la protagonista. La historia se muestra llamativa y el desarrollo de la narración está bien alcanzado, dejando expectante al vidente con un final abierto. Calificación: **** (muy buena)

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