Correo Semanal

Dos mundos posibles en la narrativa paraguaya contemporánea

El catedrático Alexander Steffanell, de la Universidad de Lee, Cleveland, Estados Unidos, analiza el libro Manual de esgrima para elefantes, del escritor paraguayo Javier Viveros.

Dr. Alexander Steffanell
Investigador y docente

Con la publicación de Manual de esgrima para elefantes (Arandurã, 2012), Javier Viveros demuestra una vez más su elasticidad literaria. Como narrador, poeta, dramaturgo y guionista, este escritor paraguayo contemporáneo abarca varios géneros que aplica con maestría y dedicación en la presente colección de cuentos africanos. La escritura literaria y lírica de Viveros siempre se ha caracterizado por su catarsis narrativa en la que pone en escena personajes, lugares y situaciones cotidianas, muchas veces alcanzando lo irreal y lo mágico. Desde su narrativa, esta pluma paraguaya demuestra a toda la academia latinoamericana que la mentalidad literaria no radica en una isla sin significados o semántica misma, sino más bien en puente globalizador entre dos mundos similares y diferentes paradójicamente.

Una de las principales características de Viveros es su pasión por labrar una literatura globalizante en la cual los mundos visibles e invisibles se complementan para presentar tragedias, costumbres y realismos inimaginables. La emergencia del universo africano en los cuentos de Manual de esgrima para elefantes establece una arquitectura literaria y se asemeja a un posible realismo mágico paraguayo, plasmando así que lo irreal es real y que asimismo la fantasía se hace real en la ficción de su narrativa. Viveros se ha consolidado como uno de esos escritores tardíos de la posmodernidad fragmentando relatos, cuestionando perspectivas y creando vínculos transatlánticos entre dos mundos donde se observan visiones ancestrales y estados culturales y sensibles a la experiencia humana.

Otra de las perspicacias de la catarsis literaria de este autor es el punto de vista narrativo y el ángulo desde donde observamos la trama de cada cuento en una holística innovadora, puesto que cada texto tiene su propio lenguaje, su propia vida sellada a infinito a los personajes. Por lo tanto, los giros lingüísticos, trastocación y translocación de personajes y eventos son parte del pan diario de este avezado escritor paraguayo.

HACIA EL MUNDO MÁGICO

Tratando de analizar algunos cuentos de este compendio, nos encontramos con «Déjà Vu[dú]». Esta historia inicia con uno de los mejores párrafos que he observado en la narrativa latinoamericana, a saber: «Soy huraño, debo decirlo. Si bien no llego a la misantropía, me gusta demasiado la soledad. En un carácter así, la niñez tiene siempre algo que ver. Recuerdo la mía sin nostalgia. Me veo creciendo bajo la luna del escaso contacto con mis padres. No extraño en lo absoluto aquella época cincelada al mandado de institutrices anacrónicas e invariablemente despóticas que eran un verdadero solecismo contra la infancia. Los otros niños eran para mí planetas que danzaban alrededor de estrellas que no eran la mía».

Este párrafo nos convoca a un abrebocas hacia el mundo mágico africano, en el que la realidad se confunde con lo subjetivo y lo etéreo, para aterrizarnos nuevamente en el universo terrenal. La fluidez narrativa en este cuento es clara, llena de un mundo visionario en el que contrastan juegos lingüísticos a través de los cuales el autor trata de unir su terruño, Paraguay, con la esfera global (en este caso, África). La locuacidad escritural de Javier Viveros provoca en el lector un deseo de adentrarse en su propio y vasto mundo: «Los viajes son de gran utilidad para ello. Sobre todo, los que tienen como destino otros continentes, viajes a países cuya cultura es por completo diferente a la de uno, donde hay maneras distintas de descifrar la penumbra de la realidad y el cerebro funciona bajo otros parámetros».

Igualmente, «Déjà Vu[dú]» presenta una voz narrativa rebelde, en contravía con la tradición religiosa occidental, y más a favor de la magia africana, y aun dudando de la verdad: «Pero de ahí a creer en la efectividad de los brujos y hechizos había un gran trecho, Mawusi confiaba ciegamente en esas prácticas que para mí nunca fueron más que una enfermedad mental, una contagiosa enfermedad mental, como lo son todas las religiones». El rompimiento con la tradición es evidente en la mayoría de los cuentos. Aunque para muchos escritores latinoamericanos la tradición es un nicho de seguridad, donde allí mismo se desarrollan y desde la cual escriben, Javier Viveros, por el contrario, revoluciona el sistema operativo tradicional tanto de lo narrado como de la cultura. Fuera de la norma es donde este escritor paraguayo crece y denuncia alienación de individuos, cinismo e indiferencia.

En cuanto al cuento «París-Dakar», la fragmentación narrativa invade la trama. Pareciera que cada párrafo escrito tomara vida por sí mismo y al mismo tiempo se combinara con lo holístico del cuento en general. Viveros entreteje exitosamente una narrativa fragmentada y deliberadamente construye una historia dudosa alrededor de Momar, el protagonista del cuento. Indocumentado y asustadizo, Momar es acusado de un crimen e igualmente de permitir que un polizonte tome camino hacia la supuesta libertad. La multiperspectiva del narrador de «París-Dakar» hace casi que difícil entender toda la trama del cuento, sin embargo, Viveros es habilidoso para presentarlo de manera coherente y cohesiva. Es una cuestión de perspectiva, cada pedazo es una historia. En este cuento cada frase es una metáfora: «El bostezo de un avión hace temblar un poco los pilares de la noche», «Un barrio como el suyo acribillado de ojos», «[…] otro Moisés que muere muy cerca de pisar su tierra prometida», entre otras frases que decoran con maestría la escritura del autor. Por ello, este cuento nos enseña que debemos convertirnos en lectores ágiles para advertir la escritura y aprender desde qué ángulo observamos los acontecimientos. Es decir, ¿somos los observadores o somos los observados? Porque no todo lo que se escribe es realidad y en un «aparente desorden» se ve con claridad lo que el narrador quiere transmitir.

Manual de esgrima para elefantes es una obra de estética literaria desarrollada desde una tradición trastocada, pero igualmente presentada como puente de una literatura trasatlántica haciendo converger dos mundos diferentes e impregnados por muchos conflictos similares: injusticia social, corrupción, cultura, entre otras cosas. Sin involucrarse en la teoría transatlántica, muchas veces malinterpretada por teóricos y críticos, Javier Viveros la pone en escena en su narrativa. Sus cuentos presentan tópicos de migración, estudios culturales, descentralizando los paradigmas tradicionales de una narrativa en cuestión. Los escritos de Viveros son provocadores, ejemplos de teoría viva y eficaz para un lector sencillo e intelectual al mismo tiempo; su literatura está plagada de pensamiento político e ideológico en constante transformación social. Desde Senegal, Ghana, Tanzania, Congo, Ruanda y diversas tribus africanas en acción en los cuentos de Viveros hasta la supuesta «incógnita» del Paraguay literario, este autor deja en evidencia que la literatura latinoamericana es fluida y se mueve constantemente allende los mares.

PRESENCIA EMPÍRICA Y GLOBAL

La narrativa de Javier Viveros hace entender con claridad la controvertida y malentendida opinión de Augusto Roa Bastos en cuanto a la «ausencia» de la literatura paraguaya. Hoy en día la literatura del país guaraní se convierte en vivencias y presenta un temple de temáticas y características fundamentales, no necesariamente sobre el propio país, pero sí desde la óptica del Tetã Paraguái. Más bien, Viveros hace de la literatura paraguaya una presencia empírica y global, sentando las líneas de una literatura nacional, con normativa propia y simbolismos de una nueva tierra guaraní. Subsiste hoy en día en Paraguay un conglomerado de escritores con alto alcance literario que continuamente participan en la academia observando el mundo desde y en pos de la tierra guaraní. En el caso de Viveros, su escritura se perfila reconfigurada, con matices internacionales, en búsqueda de nuevas identidades, ya que la identidad fluye y se expande, cambiante, variable, pero siempre anclada en su esencia latinoamericana.

Este Manual de esgrima para elefantes continúa prestando un servicio de comunidad migrante, un imaginario africano conectado de cerca con este país situado en la zona central de Suramérica. Viveros hace de la literatura paraguaya un misterio y una magia constante; desde ya le ha quitado el velo que continuamente afectaba al Paraguái Ñe’ê por ser una literatura desconocida. El velo se ha corrido y el simbolismo narrativo le otorga a esta nueva literatura un sentido de comunidad global, capacidad que seguramente la mantendrá en una lucha constante por entrar al canon literario latinoamericano, a pesar de los tentáculos editorialistas y de poder. Viveros, por lo tanto, logra romper con la segregación a la que fue confinada la literatura paraguaya y la convierte en arbolada transcultural. No es entonces extraño que este escritor haya obtenido en el 2018 el Premio Edward & Lily Tuck para la literatura paraguaya del PEN Club de los Estados Unidos, además de otros galardones que le han sido otorgados.

En conclusión, Manual de esgrima para elefantes es una prueba fehaciente que la literatura paraguaya traspasa un lugar geográfico para convertirse en un allende los mares. Es decir, Viveros produce su narrativa hacia otros mundos posibles e insoslayables a través de la presente colección de cuentos africanos. Su exquisita pluma, decorada con una cultura mágica de ambos mundos, establece un locus standi, es decir, un lugar de posicionamiento con su diestra escritura. La literatura de este conocido escritor paraguayo reafirma la identidad nacional del prominente país de garra guaraní, pero salta los muros de lo desconocido a otros lares. El Paraguay de Viveros es, por lo tanto, mucho más que una casa habitada; más bien se presenta como un lugar para soñar y ser soñado desde una lejanía poblada de habitantes de estirpe divina, rostro quemado y profunda sabiduría: África.

(*) El doctor Alexander Steffanell es profesor asociado de Literatura y Español como lengua extranjera, director de Estudios Latinoamericanos del Departamento de Lengua y Literatura de la Lee University (Cleveland, Tennessee, USA).



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