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Dios está dispuesto a perdonarte

 

Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 15,1-32. El Papa a propósito de la lectura de hoy dijo: “Ante todo, Dios perdona siempre no se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Pero Él no se cansa de perdonar. Cuando Pedro pregunta a Jesús: ‘¿Cuántas veces debo perdonar? ¿Siete veces? No siete veces: setenta veces siete’. Es decir siempre”.

“Así perdona Dios: siempre. Y si tú has vivido una vida de tantos pecados, de tantas cosas feas, pero al final, un poco arrepentido, pides perdón, ¡te perdona inmediatamente! Él perdona siempre”.

“Sin embargo, la duda que podría surgir en el corazón humano está en el cuánto Dios está dispuesto a perdonar. Y bien basta arrepentirse y pedir perdón. No se debe pagar nada, porque Cristo ha pagado por nosotros”.

“El modelo es el hijo pródigo de la Parábola, que arrepentido prepara un razonamiento para exponerle a su padre, el cual ni siquiera lo deja hablar, sino que lo abraza y lo tiene junto a sí”.

“No hay pecado que Él no perdone. Él perdona todo. ‘Pero, padre, yo no voy a confesarme porque hice tantas cosas feas, tan feas, tantas de esas que no tendré perdón...’ No. No es verdad. Perdona todo. Si tú vas arrepentido, perdona todo”.

“Cuando… ¡eh!, tantas veces no te deja hablar. Tú comienzas a pedir perdón y Él te hace sentir esa alegría del perdón antes de que tú hayas terminado de decir todo”.

“Además cuando perdona, Dios hace fiesta. Y, en fin, Dios olvida. Porque lo que le importa a Dios es encontrarse con nosotros... Asimismo en una de sus Audiencias Generales el Papa destacó:

Pensemos en la parábola del padre misericordioso. Jesús habla de un padre que sabe ser solo amor para sus hijos. Un padre que no castiga al hijo por su arrogancia y que es capaz incluso de confiarle su parte de herencia y dejarle irse de casa. Dios es Padre, dice Jesús, pero no de la manera humana, porque no hay ningún padre en este mundo que se comportaría como el protagonista de esta parábola”.

“Dios es Padre a su manera: bueno, indefenso ante el libre arbitrio del hombre, capaz solo de conjugar el verbo amar. Cuando el hijo rebelde después de haber despilfarrado todo, vuelve finalmente a la casa natal, ese padre no aplica criterios de justicia humana, sino que siente sobre todo necesidad de perdonar, y con su abrazo hace entender al hijo que durante todo ese largo tiempo de ausencia le ha echado de menos, ha sido dolorosamente echado de menos por su amor de padre”.

“¡Qué misterio insondable es un Dios que nutre este tipo de amor hacia sus hijos! Quizás es por esta razón que, evocando el centro del misterio cristiano, el apóstol Pablo no es capaz de traducir en griego una palabra que Jesús, en arameo, decía Abbá”.

“Dos veces san Pablo, en su epistolario (cf. Romanos 8, 15; Gálatas 4, 6), toca este tema, y en dos ocasiones deja esa palabra sin traducir, en la misma forma en la cual ha florecido en boca de Jesús, Abbá, un término aún más íntimo respecto a padre, y que alguno traduce papá”.

“Queridos hermanos y hermanas, nunca estamos solos. Podemos estar lejanos, hostiles, podemos también profesarnos sin Dios. Pero el Evangelio de Jesucristo nos revela que Dios que no puede estar sin nosotros: Él no será nunca un Dios sin el hombre; ¡es Él quien no puede estar sin nosotros, y esto es un misterio grande!”

(www.pildorasdefe.net y http://w2.vatican.va.)

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