País

Dieron la vida ante el enemigo invisible

 CAÍDOS. Sumaron, hasta la pasada semana, 15 trabajadores de blanco que cayeron hasta ahora en el país. SERIO. A excepción del primero, la mayoría de las muertes se dieron a partir de agosto, tras liberar fases. GOLPE. Enfermería se lleva la peor parte; incluso, hoy, una licenciada joven lucha por su vida en terapia.

Pepe Vargas

Los primeros en atender, los primeros en caer. Hasta la semana que pasó sumaban 15 los trabajadores de blanco, que por su vocación de servicio, esta pandemia los encontró expuestos, primero, y exhaustos, después. Y el virus les cayó de sorpresa, como una puñalada por la espada.

El primero en caer ante este enemigo invisible del Covid-19 fue el Dr. Hugo Díez Pérez, reconocido neurocirujano de Asunción. Cuando todavía parecía un problema de las grandes urbes conectadas a nivel mundial y la luz de alarma en el país estaba apagada, le tocó atender un paciente que vino del exterior portando el virus silenciosamente.

Cinco meses después, una veterana enfermera de Pedro Juan Caballero fue la primera víctima fatal en filas del personal de Enfermería. El deceso de Pabla Fernández tuvo lugar en agosto, cuando la curva de contagio y muertes por Covid se disparó para arriba. La licenciada prestaba servicios en una Unidad de Salud Familiar (USF) de la capital del Amambay y estaba a un paso de la jubilación, según Mirna Gallardo, presidenta de la Asociación Paraguaya de Enfermería (APE).

Hacia el final del octavo mes, los fallecidos en el personal de blanco empezaron a producirse en cadena: la Lic. Lucila Ferreira, que prestaba servicios en el área de Esterilización del Hospital Regional de Ciudad del Este (CDE).

Después le tocó al Dr. Carlos Domínguez, entonces el único neurocirujano del sistema público en Alto Paraná. “Prácticamente todos los accidentados de tránsito, las personas con accidentes cerebrovasculares (ACV) pasaron por sus manos. Es durísimo el golpe. Era una persona que luchó bastante, batalló cuatro semanas en terapia intensiva. Se nos fue un gran amigo y un gran colega”, expresó el Dr. Hugo Kunzle, director de la Décima Región Sanitaria, el día en que lo despidieron en un emotivo acto.

Al día siguiente cayó otro médico en la capital altoparanaense: el Dr. Jorge Bordón, jefe de Terapia Intensiva de la Fundación Tesãi. Tras dar positivo al Covid y a 15 días de recuperarse, volvió a las trincheras. Sufrió un pico de presión alta, a raíz de las secuelas del coronavirus. Eso le provocó un ACV que lo sacó de la primera línea. “Son soldados que luchan en una guerra contra un enemigo invisible. Así como juramos salvar vidas, vamos a continuar dando todo de nosotros por el bien de toda la ciudadanía”, vociferó una profesional durante la despedida entre globos, llantos y aplausos.

Al despuntar setiembre, un oftalmólogo de Asunción, el Dr. Augusto Recalde, falleció por complicaciones del Covid. Luego la enfermera Nidia Servín, de 53 años y con más de 20 años de servicio en el centro de salud de Isla Zárate de Luque. Le siguió el Lic. Walter Martínez, otro enfermero de una USF de Central.

Ese mes, Ciudad de Este sufrió la dolorosa pérdida de otros tres trabajadores de blanco: el licenciado Alfonzo Martínez, funcionario del Programa Ampliado de Inmunizaciones, que contaba con una antigüedad de 29 años en el Hospital Regional. Tenía 49 años y su muerte se produjo, el 18 de setiembre, por complicaciones generadas por el virus maldito.

Y, de seguido, se registró el deceso de una madre y su hija, ambas funcionarias del Hospital Integrado Respiratorio del Instituto de Previsión Social (IPS) y el Ministerio de Salud Pública (MSP). Laura Dielma, de 28 años, murió una semana después de cuidar a su progenitora, Isidora Aguirre de Dielma, quien estaba en terapia por Covid. Una, enfermera; la otra, de servicios generales. Doña Isidora trabajó durante más de 29 años en el área de limpieza y lavandería de ese nosocomio, uno de los sectores con mayor exposición a infecciones.

Dolly Barreto, enfermera con 21 años de trayectoria en el área de Neonatología del Hospital de Clínicas, murió también luego de casi un mes de lucha en terapia.

En octubre se registraron las dos últimas caídas: El doctor Cristhian Valenzuela, médico clínico de Asunción, y la entrañable enfermera María Maldonado, quien tenía 35 años de antigüedad en el Hospital de Calle’i, San Lorenzo.

Ahora como síntesis de que se juegan la vida, una enfermera de Encarnación se debate entre la vida y la muerte. Hace más de 20 días está en terapia por el Covid. Tiene 33 años y hace solo meses tuvo un bebé. Prestaba servicios en el Hospital Regional en Neonatología.


Hay una deuda estatal para con los profesionales médicos. Ellos no tenían ningún seguro médico (...) Duele mucho que los médicos estén en el frente de batalla y, sin embargo, no se los considere como tiene que ser. Otra vez tenemos que luchar por una equidad en la parte salarial, los vínculos y la jubilación.
Dra. Gloria Meza, presidenta del Círculo Paraguayo de Médicos.

Vías de contagio
La principal fuente de contagio del profesional de blanco es en el área asistencial, en el momento del descanso, y en el entorno familiar y social, según la Dra. Viviana De Egea, directora de Vigilancia de Enfermedades Transmisibles del MSP. Dijo que prevén capacitar también al personal de servicios generales para que tengan asumido cómo moverse y relacionarse dentro de los establecimientos sanitarios.

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