Opinión

Desorden

Si un gobierno, cualquiera sea –incluido este– se dedicara a poner en orden las cosas en la administración del Estado, les aseguro que habremos dado un gran paso en el desarrollo y esta democracia pasará a tener sentido para millones.

Benjamín Fernández BogadoPor Benjamín Fernández Bogado

Lo que agota en este país es la gran cantidad de recursos económicos con que cuenta la administración y lo extraordinariamente ineficaz que resulta ser. Una de las claves está en el hecho que no se cumple la norma, se desconoce o sencillamente se la elude. Pero además de todo esto hay cuestiones prácticas que no funcionan.

Les doy un ejemplo. El sistema público universitario está descoordinado. Eso significa que si usted estudia medicina en una universidad pública en Concepción, no puede trasladarse a la de Encarnación. Debe empezar de cero. Si es paraguayo y tiene la desgracia de que sus hijos nazcan en Francia, no son ni paraguayos ni franceses, porque desafortunadamente en un país pequeño en población no reconocemos el ius sanguinis para todos los connacionales y eso pasa en varios países que tienen similares legislaciones. Si además pretende conocer el estatus de una propiedad en el Registro Público no lo puede hacer vía internet, sino luego de un farragoso, costoso y muchas veces corrupto proceso que concluye en darse cuenta de que la tierra que creía suya, en realidad, es reivindicada por otros cuatro. El país tiene más computadoras por funcionarios que ninguno en el mundo, pero la expresión más común es topetarse con el pretexto de que “se cayó el sistema”.

En realidad, tenemos un Estado caro, ineficaz y altamente corrupto, que será el territorio de la próxima contienda cívica. Ahí se decidirá la suerte de la democracia. Mientras en Suecia, el octavo país más desarrollado del mundo y uno de los más ricos, el legislador gana menos del doble del salario medio de la población; en el nuestro, uno de los más pobres, cobra ¡veinte veces más!

Ya ni les cuento el nivel de eficacia de los nórdicos frente a los nuestros. Ahora que estamos en tiempo del pago del impuesto a la renta personal y el malhumor es grande, debemos afirmar que no hay relación entre lo que pagamos y lo que recibimos. Ya nos les cuento los servicios públicos de agua, luz, telefonía fija, cemento, caña y... ferrocarriles, que son un robo y en el último caso, inexistentes. Solo con ordenar la casa tendríamos muchísimo dinero para hacer aquello que se necesita cuando llueve y cuando no.

Hay un desorden montado ex profeso y los pocos que tienen noción del problema no pueden cambiar un sistema que no da más. Esto que tenemos o no sirve o ha sido diseñado para generar pérdidas. Los que vinieron de afuera para resolver este desaguisado terminaron siendo peores, justificando a los malos de ahora y siempre. Ex profeso “invirtieron mal” en la INC más de 70 millones de dólares, el gerente con sus jefes se hizo de la información privilegiada de inversores italianos y cuando dejaron el poder se presentó ante el presidente de la República llevando la buena nueva de una cementera de Cartes de boca del mismo gerente de “las operaciones especiales” que terminaron en la quema del Congreso y el asesinato del joven Quintana. Su socio en el mismo proyecto es el que construyó las ruinas del Metrobús. Esto no es de recibo y constituye un escándalo mayor.

El Estado paraguayo necesita cirugía mayor porque hasta ahora solo ha sido funcional para los que no pagan impuestos, los que roban, los que medran y los sinvergüenzas. Esto simplemente no puede seguir más. Alguien tiene que ordenar la casa.

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