Opinión

Desempleo, drogas y delincuencia

Por Alberto Acosta Garbarino | Presidente de Desarrollo en Democracia

En la presente semana, me ha conmovido fuertemente la investigación publicada por Última Hora sobre el consumo de drogas por parte de jóvenes y niños que viven en la calle.

Es realmente impactante escuchar a un joven de 17 años decir "yo sé que por 10 mil ya puedo comprar un lomito o algo para comer, pero mi cuerpo me pide consumir el crack, por eso gasto mucho. La comida no te hace sentir lo mismo que esa porquería".

Sin duda alguna las maldiciones de este siglo XXI son tres y todas comienzan con la letra D.

La primera D es la del desempleo, que es el causante de la pobreza, la que a su vez genera falta de educación, de valores y de sentido de la vida.

La segunda D es la de las drogas, que es la válvula de evasión para la gente que vive en la desesperanza de la pobreza. Pero ahí se entra en un oscuro túnel donde la adicción genera la necesidad de dinero para satisfacerla, con lo cual se llega a la tercera D, la delincuencia.

Existen estudios sobre el tipo de delitos que comenten los jóvenes delincuentes y es impresionante ver que casi el 30% son robos y hurtos, generalmente de productos como los celulares que pueden ser fácilmente "reducidos" y poder así hacer dinero y comprar las drogas.

Por supuesto que estás tres D se retroalimentan entre ellas, porque es común que un joven se drogue para tener el valor de robar y también es común que un delincuente y drogadicto difícilmente pueda conseguir un trabajo estable y legal.

El Paraguay, al igual que casi todos los países del mundo, está sufriendo este flagelo de las tres D, el desempleo, las drogas y la delincuencia.

Estas tres D están "fogoneadas" por una sociedad de consumo que ofrece a los jóvenes por medio de la publicidad una infinidad de productos que la mayoría de ellos nunca lo podrían comprar.

Estas tres D están "fogoneadas" por las organizaciones delictivas que ven a estos jóvenes no solamente como compradores de sus productos, sino también como instrumentos para cometer otros delitos, como robos, asaltos o incluso asesinatos.

Estas tres D están también "fogoneadas" por la indiferencia de las clases económicas más pudientes, que en lugar de asumir una parte de la responsabilidad en la solución de este flagelo, se encierran en sus casas, contratan guardias de seguridad para protegerse y exigen a un Estado absolutamente incapaz, corrupto y sin recursos que sea el responsable de la solución del problema. Para empeorar las cosas, se exigen soluciones al Estado, pero no se quieren pagar los impuestos para sostenerlo.

La solución de este problema requiere de muchas cosas que deben hacerse en simultáneo y que se afectan mutuamente.

Al desempleo se lo combate con la D del desarrollo. Única manera de generar trabajo e ingresos para la gente. Pero para que exista el desarrollo se requiere de la inversión y esta tiene como prerrequisito la seguridad física y jurídica.

Parece un perfecto círculo vicioso, pero a este círculo hay que encontrarle un punto donde poder fisurarlo.

Esa fisura solo se va a encontrar trabajando juntos el Estado, las empresas, la prensa y la sociedad civil. Esa es la segunda D, la de la democracia.

Solamente si todos reconocemos que estamos en un proceso cada vez más rápido de descomposición social y si todos reconocemos que un solo sector no lo va a poder solucionar, va a ser más fácil llegar a acuerdos o pactos sociales que nos permitan evitar el inevitable colapso.

Solamente con el desarrollo y con la democracia vamos a conseguir que la ciudadanía recupere su dignidad y su esperanza en un futuro mejor para ella y para sus hijos.

Dejemos de esperar que el gobierno de turno solucione el problema, porque si no lo arreglamos entre todos, no lo va a arreglar nadie.

De nosotros depende.

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