Opinión

Descartes y su discurso

Por Sergio Cáceres Mercado caceres.sergio@gmail.com

En la primera parte de el Discurso del método, de René Descartes, podemos leer: “La lectura de los buenos libros es como una conversación con los hombres más esclarecidos de los siglos pasados, una conversación estudiada, que solo descubre lo mejor de todo lo que se ha pensado”. ¿Habrá imaginado Descartes que esto mismo se aplicaría a su gran obra? Hoy propongo dialogar con él.

El discurso del método es un libro fundacional en la historia del pensamiento occidental. René Descartes lo redacta con un propósito bien determinado: inaugurar una nueva forma filosófica. Y muchos historiadores de la filosofía y especialistas en pensamiento renacentista están de acuerdo en que este filósofo y matemático logró su propósito al indicar una diferente senda a seguir para la filosofía, que hasta esos días se encontraba aún anquilosada en la escolástica.

Gran parte de la modernidad filosófica es una continuación y diálogo con esta sencilla obra que inaugura el sistema cartesiano. Su propuesta de la racionalidad intrínseca del ser humano, presupuestada en la idea de que uno es puro pensamiento, fue clave. Justamente “en la autoconciencia tenemos la base inconmovible de todo razonamiento científico” escribirá Wilhelm Dilthey refiriéndose al famoso dictum cartesiano “Pienso, luego existo”. Y será efectivamente Descartes uno de los padres de la moderna ciencia con este libro, en especial por su ideal de conocimiento matematizado que comparte con su contemporáneo Galileo.

“Cogito ergo sum no es solo la más famosa de las frases de Descartes, sino también la más discutida, existiendo gran controversia acerca del fundamento de la certeza que parece poseer”, indica el especialista Bernard Williams. La grandeza de un filósofo puede medirse por la polémica que enciende su audaz pensamiento. Cuando alguien tiene en sus manos el Discurso se suma a cientos de grandes filósofos que han discutido a favor o en contra de su contenido, y a millares de personas que a lo largo de la historia han disfrutado con fruición de sus ideas “claras y distintas”.

La sencillez con que el francés expone sus ideas es paradigmática. Sus cuatro pasos para lograr un pensamiento correcto son bien conocidos por todo estudiante que haya pasado por el colegio. No olvidemos que el Discurso fue escrito en francés, pues su intención era llegar a la mayor cantidad de gente posible. Con este paso Descartes también se suma a la estela de los escritores de su época –tales como Dante, Petrarca– que van abandonando el Latín y fundando las nuevas lenguas romances.

Ahora bien, estos famosos cuatro pasos de Descartes: evidencia, análisis, síntesis y prueba, no agotan la riqueza del Discurso. Ya José Ferrater Mora nos advierte: “La filosofía de Descartes no puede reducirse, como a veces se ha hecho, a metodología”. Y es que dicha obra, pequeña en cuanto a su tamaño y sencillez, es de una profundidad y ambición tales que explican toda la revolución filosófica que produjo.

La filósofa Helen Buss explica que lo que Descartes intenta solucionar en su libro es lo que se conoce como predicamento egocéntrico: la condición humana de ser incapaz de liberarse de las fronteras del yo individual, a fin de determinar qué es realmente una cosa en oposición a lo que parece ser. Así que, como toda gran obra filosófica, el Discurso del método es una obra epistemológica y metafísica, un clásico de clásicos del pensamiento universal. Pero más que nada, una ayuda para el sentido común, tan ciego en nuestra superficial sociedad del tener.

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