Opinión

Desastre vs. oikoite

Brigitte Colmán – @lakolman

¿De dónde lo que salió la famosa muletilla que atormenta al presidente? Pese a una afanosa búsqueda en internet, no pude dar con el origen del “desastre ko Marito”. Lo que sí podemos suponer, sin temor a equivocarnos demasiado, es que habrá surgido como un chiste, como una broma, como una forma de descomprimir la realidad que a veces es muy jodida.

Lo que sí sabemos también es que pegó, se popularizó, se viralizó y a la gente ¡le encantó! Por eso usamos “desastre ko Marito” para cualquier situación: tanto si estamos felices, como si un bache se comió la rueda de tu auto, o no encontrás terapia intensiva para tu abuela; no baja el precio del combustible, aunque el dólar sí está bajando, y Cerro no gana la Libertadores.

Los medios dicen que se desató una guerra mediática entre el “desastre ko Marito” y el “oikoite Marito”. Pero no hay guerra alguna, porque en la vida real, la gente tiene apenas con qué vivir el día a día; lo de las redes sociales es pura simulación. En la vida real la guerra es contra la inseguridad y el desempleo, entre otras cosas. Eso sí, al responsable de haber creado la absurda campaña le daría como mínimo un akãpete, o mejor no le pagamos los millones que seguro le están pagando al vendehúmos de turno.

Yo lo siento mucho por el señor presidente Abdo Benítez, pero le tengo muy malas noticias; tiene que relajarse nomás, porque el “desastre ko Marito” llegó para quedarse.

Vamos, que tampoco es personal. A Nicanor Duarte Frutos le gritaban: “¡Nicanor ijapu!”, y a Fernando Lugo le azotaron con lo de “Lugaucho tiene corazón”. Pero los que somos serios reconocemos que el gobierno de Nicanor normalizó la economía después de haber recibido un país en un cuasi default; y a Lugo hasta ahora lo recordamos por haber declarado gratuidad en la salud pública.

Al parecer el presidente no tiene en cuenta que, en el Paraguay, más que en ningún otro lugar del universo, el que se picha, pierde. Y si los perros se dan cuenta de que sos pichado, te van a cargar más todavía, porque ya conocen tu punto débil: ya saben que sos pichado.

Ahora todos decimos “desastre ko Marito”, incluso en situaciones en las que nada tiene que ver el presidente o su gobierno, ya se incorporó al folclore. Y eso sucede porque así nomás luego es la vida, hay cosas que no se pueden explicar.

Lo que no va a suceder es que con la campaña ideada por los vendehúmos, que sacaron de la galera ese “oikoite Marito”, la gente se va a volcar a usar el eslogan “buena onda pro-Marito”. Y eso no va a acontecer, porque a la gente no se le puede obligar a querer algo que no quiere.

Aunque hay que reconocer que son muy diferentes las coyunturas económicas locales y regionales que les han tocado a los últimos presidentes; a Abdo Benítez le ha tocado un periodo difícil.

Pero para eso le votaron a él, para pilotar el barco aunque soplen fuertes los vientos.

Su trabajo es hacer cosas buenas para la gente y por la gente, por todos los paraguayos, incluso por los que no lo votaron a él y a su partido.

Su trabajo es servir a los paraguayos; él es el primer mandatario, o sea, el primero en ser mandado por sus mandantes, que son los electores, los ciudadanos, los paraguayos.

Su trabajo es lograr que todos tengamos bienestar, salud, educación, trabajo, seguridad, que seamos felices; que estemos tan felices que no tengamos ganas de irnos del país más que para pasear por Europa o el Caribe.

Sería muy lindo de su parte, presidente, que dejara de enojarse por tonterías, y se concentrara en crear condiciones de vida dignas para todos los paraguayos (no solo para los colorados, ¡POR FAVOR!). No olvide que ninguna campaña mediática puede empañar una buena gestión.

Si la gente tuviera una vivienda digna, medicamentos en los hospitales, pasaje de transporte barato, comida en la mesa, niños felices jugando en la vereda, nadie diría “desastre ko Marito”, ni en broma.

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