Opinión

Demonización del aborto

Guido Rodríguez Alcalá

Guido Rodríguez AlcaláPor Guido Rodríguez Alcalá

He firmado una petición de change.org a favor de Évelyn Hernández, una salvadoreña condenada a treinta años de cárcel. La condena se le impuso por aborto, aunque los hechos no concordaran con la aplicación del derecho local.

A los 18 años, Évelyn fue violada por un pandillero, quedó embarazada, su hijo nació muerto. Un principio general del derecho es que la inocencia se presume, y se debe probar la culpabilidad.

La ley penal de El Salvador supone lo contrario y castiga el aborto con hasta cuarenta años de cárcel. Castiga incluso lo que pueda suponerse resultado de un aborto, como el nacimiento de un niño muerto o las interrupciones no provocadas de embarazo, que pueden sucederles hasta a las mujeres que quieren ser madres, y les sucede a menudo a las muy pobres, como consecuencia de la mala salud causada por la pobreza.

Son pobres, además, casi todas las mujeres condenadas por los tribunales, porque las de mayores recursos pueden ir a una clínica privada, pagar bien y hacer que un buen equipo médico les practique la operación prohibida por la ley, que se hace pasar por una operación permitida.

Esto no sucede solamente por allá, sino también en el Paraguay, donde una considerable cantidad de operaciones de apendicitis son abortos, que se ocultan a las disposiciones represivas; todo es cuestión de tener o no tener el dinero suficiente para no ir a la cárcel, para no morir a causa de una intervención mal practicada.

Sucede también en los Estados Unidos, a causa de la alianza establecida entre la derecha política y ciertos grupos que se llaman cristianos, aunque no demuestran mucho amor por el próximo.

Supuestamente, ellos respetan la vida. En esa línea, ¿quién fue el que más respetó la vida?

Adolf Hitler, quien mandó ejecutar a varias mujeres por haber abortado. Entiendo que su discípulo español, Francisco Franco, no ejecutó a ninguna, pero sí que las perseguía: en tiempos del Caudillo, se iba presa la mujer a la que le encontraban pastillas anticonceptivas. En Chile, Pinochet dejó como recuerdo una ley que castigaba el aborto. En El Salvador, ex integrantes de escuadrones de la muerte durante la guerra civil se santiguan y piden castigos para las mujeres.

Castigo más, castigo menos, se trata de todo un paquete, que va desde la planificación familiar hasta la interrupción del embarazo, pasando por la educación sexual y las medidas para evitar las enfermedades de transmisión sexual, como el SIDA, que en ciertos países subdesarrollados es una calamidad y que lo será a causa de una reciente decisión de Donald Trump: cortar fondos a todas las instituciones que hablen de aborto o que lo practiquen.

El aborto es la única salida cuando la vida de la madre está en juego, y más cuando su muerte está garantida por un embarazo ectópico, pero no se quiere hablar del asunto.

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