Opinión

Demonios

 Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Benjamín Fernández BogadoPor Benjamín Fernández Bogado

Hay de todo: pirómanos, asesinos, ladrones, abigeos, tramposos, cómplices, estimuladores del odio y la venganza... No es una fiesta de Halloween o una de disfraces.

Es la descripción del Congreso, al que calificó el actual presidente cuando era miembro de dicho cuerpo como “el más grande prostíbulo del país”. Ahora, cada sesión es una fiesta negra en donde la gente solo espera vomitar su desprecio a los mismos políticos que habían elegido con anterioridad y que simulan representarlos.

La decadente política paraguaya parece esperar que uno de sus conspicuos miembros recién llegado cumpla la amenaza de quemar el edificio con él adentro o acabe replicando una matanza colectiva que exorcice los demonios que lo habitan y los poseen. El público aplaude, grita, aúlla y espera que la amenaza sea cumplida.

A falta de buena televisión y de películas de terror cada semana hay una sesión completa que sus protagonistas acompañan con una buena dosis de banana para evitar los costos de la pérdida de potasio de los protagonistas. Los demonios han salido y están de fiesta en el Congreso.

No se salva nadie, incluso aquellos que no intervienen directamente. No saben si deben dar pelea al interior o mantener la compostura hacia el soberano (el pueblo), que les ha perdido el respeto hace mucho tiempo.

No dice nada afirmar que sean honorables, senadores o diputados de la Nación. Nada importa porque han perdido la vergüenza y de todo se vuelve menos del ridículo.

No hay autocrítica, pedido de perdón y menos compromiso de enmienda. Parecieran esperar que alguien desde afuera venga a castigarlos en nombre de la democracia y repitan la historia de Venezuela con Hugo Chávez.

Nuestros representantes están rifando la democracia y en medio de la piñata amenazan con una Constituyente a la que quieren dar el valor de un fetiche que frotándolo hará que sean más buenos, educados y capaces.

Este es el peor clima para una reforma de la Constitución. Lo que pueda salir de ahí puede ser el último eslabón antes de perder definitivamente lo poco que queda de formalidad democrática en el Paraguay.

Se mantiene el sistema porque algunos aún trabajan y producen. Definitivamente se aíslan de ese contento deprimente de un cuerpo legislativo que parece incapaz de purgarse, a pesar de los vermífugos consumidos.

Los nostálgicos de la dictadura se frotan las manos, los escasos ejemplos de civismo son una minoría que nada hace ante la piara gruñidora y feroz que acomete con todo lo que encuentra a su paso.

Cada semana en cada sesión esperamos purgar nuestros demonios, mientras el país aguarda las grandes ideas que lo movilicen hacia un destino mejor.

Los demonios están de fiesta y alrededor de la fogata bailan, insultan, golpean, defecan y amenazan con quemar la casa de la que son afortunadamente inquilinos transitorios. ¿Será el fuego el elemento purificador que junto con el aire y el agua nos traigan un nuevo tiempo?

Nadie lo sabe. Es cuestión de esperar el siguiente capítulo de este baile demoniaco que amenaza acabar con la República como algunos de ellos claramente se animan a proponerlo.

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