Editorial

Dejar de premiar a los políticos con cargos en el servicio exterior

La realización de un curso de tres días de capacitación en la Academia Diplomática para los nuevos cónsules y otros funcionarios, que se desempeñarán en las representaciones en Argentina, Brasil y Marruecos, fue la manera en que la Cancillería intentó minimizar las críticas ante recientes nombramientos de seccionaleros y políticos en importantes cargos consulares, quienes incluso admitieron desconocer las tareas que deberán cumplir. Estos casos contradicen a la legislación vigente y ponen en entredicho las promesas del actual Gobierno de hacer primar la carrera diplomática, como una manera de recuperar la deteriorada imagen del país a nivel internacional.

En recientes declaraciones a este diario, antes de tomarse unos días de vacaciones, el canciller Luis Alberto Castiglioni volvió a asegurar que la línea de política exterior del actual Gobierno es hacer primar la carrera diplomática y “trabajar con la gente de la casa, con los profesionales”, asegurando que si ocurrían nombramientos de dirigentes políticos en el servicio exterior serían para “personas de altísima capacidad, que tengan las cualidades y condiciones para ir a desempeñarse en un lugar determinado, inclusive con mejor performance que la gente de la casa”.

Esta afirmación contradice, sin embargo, algunos cuestionados recientes nombramientos, como el del presidente de la Seccional Colorada de Carapeguá, Héctor Rubén Figueredo Notario, del movimiento Colorado Añetete, liderado por el presidente Mario Abdo, Benítez, quien por Decreto número 1019 fue designado cónsul general en Buenos Aires; o el del ex intendente de Horqueta y médico Arturo Urbieta Cuevas, también de Colorado Añetete, quien por Decreto número 654 fue nombrado cónsul en la ciudad de Ponta Porã, Brasil. Ambos admitieron en declaraciones a la prensa que desconocían las funciones que deben cumplir en los respectivos consulados.

La medida gubernamental desobedece lo dispuesto en el artículo 42 de la Ley 1335/99, del Servicio Diplomático y Consular, el cual establece que “la función consular está reservada a los funcionarios del Servicio Diplomático y Consular”, además de disposiciones de la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, de la cual el Paraguay es signatario.

El tema resulta tan polémico para las autoridades de la Cancillería, que el propio ministro sustituto de Relaciones Exteriores, Hugo Saguier Caballero, se negó a responder a las consultas periodísticas al respecto, durante una conferencia de prensa. Como justificación comentó que “los del escalafón no son todos monjitas descalzas”, y alegó que funcionarios de carrera diplomática también han protagonizado “grandes escándalos”.

La realización de un curso de tres días de capacitación en la Academia Diplomática para los nuevos cónsules y otros funcionarios que se desempeñarán en las representaciones en Argentina, Brasil y Marruecos, fue la manera en que la Cancillería intentó minimizar las críticas ante los muchos cuestionamientos. Las jornadas comenzaron el lunes y terminaron el miércoles.

El adiestramiento de pocos días no suple, sin embargo, las carencias de los conocimientos que se requieren para tan importantes cargos, ni subsanan la desobediencia a lo que dispone la legislación, y por sobre todo dejan la imagen de que el actual Gobierno mantiene los mismos vicios que anteriores administraciones, en el sentido de recurrir a los cargos del servicio diplomático como botín para premiar a dirigentes políticos que fueron leales en la campaña electoral. Es un recurso que ayuda muy poco a mejorar la imagen del Paraguay en el contexto internacional.

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