Opinión

¡De frente... mar!

Luis Bareiro – @luisbareiro

Estoy absolutamente de acuerdo con enrolar ya nomás a los mejores jóvenes de todo el país, hombres y mujeres. Démosles la instrucción más completa que sea posible –de ser necesario traigamos instructores de afuera– dotémos-les de las armas más sofisticadas que ofrezca el mercado, y lancémoslos a la madre de todas las batallas, la que definirá si tenemos alguna chance de integrar el costado desarrollado del mundo.

Y no hablo en términos metafóricos. En los próximos cinco años, casi la mitad de todos los docentes serán jubilados. Significa que tenemos que armar un ejército de unos 30.000 nuevos maestros en apenas un lustro. Es un desafío abrumador, pero, sobre todo, es una oportunidad que no volverá a repetirse en cuanto menos cincuenta años.

Para aprovechar esta chance nos urge identificar a los mejores alumnos de cada colegio, público y privado, y convencerlos de que se enrolen para la mayor patriada de la historia. Por supuesto que para eso necesitamos hacer el “enrolamiento educativo” de manera absolutamente distinta de como lo venimos haciendo desde hace treinta años.

Lo primero y más importante es el estímulo. ¿Por qué un joven brillante querría ser maestro? ¿Por el salario? ¿Por el prestigio social que supone ser maestro? ¿Por la posibilidad de construir una carrera? Hoy no hay salario digno ni prestigio ni la seguridad de una carrera.

En las últimas tres décadas, la docencia se degradó convirtiéndose apenas en la oportunidad de un título rápido, con un curso corto en una institución sin ningún requisito de admisión y con el menor rigor académico posible y la posibilidad inmediata de un salario público, aunque pobre y fuertemente atado al prebendarismo político.

Los buenos maestros –que los hay– terminaron opacados en medio una masa sin vocación ni formación, aunque casi siempre con una gran voluntad de hacer las cosas. Lamentablemente, la educación es ciencia y en esas lides la voluntad jamás podría reemplazar al conocimiento. Los resultados de nuestro modelo educativo están a la vista. Si esta fuera la Guerra del Chaco podríamos decir que los bolivianos están a punto de llegar a Ushuaia.

Es obvio que necesitamos medidas de shock. Por decir, cerrar de inmediato todos los institutos de formación privados y darle a la carrera docente rango académico, potenciando una universidad de la educación y becando a los mejores estudiantes de todo el país que decidan apuntarse a la patriada.

Garanticémosles formación universitaria gratuita, un salario razonable de inicio y una carrera de ascensos por méritos, y sobemos ese músculo dormido del patriotismo con una campaña nacional por la educación. El propio presidente Mario Abdo podría salir a enrolar a los primeros, recordando a los héroes y heroínas que dedicaron su vida a enseñar.

Marito encabezó la presentación del plan de transformación de la educación y sé que la reforma es una obsesión suya, pero necesita contagiar al proyecto del mismo entusiasmo que le pone al servicio militar. Después de todo, esta sí será una batalla que él deberá librar, será su legado. Así que, empecemos a practicar…

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