Opinión

Cuando el Joker pretende ser Batman

Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

¿Cómo creerle al Joker, el criminal villano de los cómics y las películas, cuando pretende hacerse pasar por el superhéroe detective Batman? ¿Cómo creerle al jefe mafioso Al Capone si de pronto asume el rol del agente federal Eliot Ness?

Es lo que nos preguntamos cuando desde el entorno del Gobierno y sus coyunturales aliados insisten en que dejemos de hinchar con el tema del juicio político al presidente de la República, al vicepresidente y a otros por su presunta responsabilidad en la firma del acta entreguista sobre la energía de Itaipú con Brasil, porque ya hay ningo una comisión investigadora en el Congreso Nacional que va a aclarar todito luego y además hay una causa abierta por tres agentes fiscales, que de seguro les van a encontrar a todos los culpables y les van a llevar derechito ante la Justicia para que paguen sus delitos.

¿Será...? Es cierto que el juicio político ya no corre, gracias al oportuno salvavidas arrojado por el políticamente resucitado ex adversario que asegura que no quiere nada a cambio, pero que ya logró que se borre con el codo lo que se firmó con la mano en el asunto de la Embajada en Jerusalén y que se declare terroristas por decreto a los enemigos en el Medio Oriente. Hola de nuevo, Israel; adiós otra vez, Palestina.

Es cierto que el pretendido juicio político tenía luego más de político que de juicio, y que con una oposición a la que le cuesta mucho ponerse de acuerdo y que no tiene un liderazgo muy creíble para capitalizar la indignación popular, todo iba a resultar muy poco viable.

Así que, ¿que nos queda? Claro, la Comisión Bicameral de Investigación integrada por una mayoría de legisladores que sabemos que son grandes cuates de aquellos a los que deben investigar y por las dudas ya le sacaron a Kattya para que no arme quilombo. Aunque tengan como presidente al respetado Eusebio Ramón Ayala y probablemente Oreggioni y Kencho tendrán posturas interesantes, ¿hasta dónde pueden llegar con un Justo Zacarías Irún, un Colym Soroka, un Walter Harms, un Antonio Barrios...? ¿Hasta dónde pueden investigar bajo riesgo de descubrirse y culparse a sí mismos?

Y si por acaso la CBI concluye cosas importantes, ¿de qué servirán, cuando no son vinculantes? ¿Pasará lo mismo que con el informe de aquella otra CBI sobre narcotráfico que dirigió el senador López Perito tras el asesinato del periodista Pablo Medina, que informó de graves indicios de participación de referentes del cartismo en posibles delitos, como la ex gobernadora de Canindeyú, Cristina Villalba, o el entonces gobernador Alfonso Noria, pero al que el Ministerio Público no hizo el más mínimo caso?

Claro, también nos queda la investigación abierta por los fiscales Marcelo Pecci, Liliana Alcaraz y Susy Riquelme. Aunque Pecci principalmente es reconocido por su buen desempeño, ¿hasta donde podrían llegar en una Fiscalía todavía vulnerable al poder político, cuando el principal involucrado, el ex fiscal general adjunto y ahora vicepresidente Hugo Velázquez sigue teniendo mucho peso? Por de pronto, los fiscales ni siquiera tienen una hipótesis sobre el hecho punible que deben investigar (dicen que primero van a reconstruir lo que pasó, para luego ver qué delito se cometió), toman declaraciones testificales y no indagatorias (lo que dificultará imputar a sus testigos, si acaso descubren algo delictivo) y tampoco incautaron los teléfonos celulares de todos los involucrados, cuando podrían ser evidencia valiosa. De todos modos debemos darles un voto de confianza y ver con qué nos sorprenden.

A pesar de la decepción hay un punto positivo que rescatar. La denuncia sobre el acta secreta encendió la indignación y la conciencia ciudadana acerca de la importancia estratégica de Itaipú para el Paraguay, de cara a la renegociación del 2023. En la medida en que nos mantengamos activos y vigilantes como sociedad, no nos volverán a joder.

A no bajar la guardia. No permitamos que nos sigan vendiendo gato por liebre o Joker por Batman.

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