Correo Semanal

Cronista de la vida afroamericana

 

María GloriaBáez

“Morimos. Quizás ese sea el significado de la vida. Pero hacemos el lenguaje. Quizás esa sea la medida de nuestras vidas”

T. M.

Nacida Chloe Anthony Wofford, en 1931 en Lorain (Ohio), la segunda de cuatro hijos en una familia de clase trabajadora negra. Muestra un temprano interés en la literatura. Estudia humanidades en las universidades Howard y Cornell, seguida de una carrera académica en las Universidades del Sur de Texas, Howard, Yale, y desde 1989, una cátedra en la Universidad de Princeton. También trabaja como editora para Random House destacando la difusión de la literatura afroamericana; da numerosas conferencias públicas y se especializa en literatura afroamericana.

Morrison conocía el poder de las palabras décadas antes de que la suya cambiara la faz de la literatura estadounidense. Tenía casi 40 años cuando publicó su primera novela en 1970. “No me interesé en escribir hasta los 30 años”, dijo, “realmente no lo consideraba como escritura, aunque estaba poniendo palabras sobre el papel. Pronto llamó la atención de los críticos y de un público más amplio por su poder épico, su infalible poder compositor para el diálogo, sus representaciones ricamente expresivas de la América negra. Miembro desde 1981 de la Academia Estadounidense de Artes y Letras, recibió varias distinciones literarias, entre ellas el Premio Pulitzer en 1988 con la novela , consolidando su lugar como cronista preeminente de la vida afroamericana en toda su complejidad.

En 1993 la Academia Sueca la premia con el Nobel de Literatura, como escritora que por profundizar en “el lenguaje en sí, un idioma con el cual ella quiere liberar de las categorías del blanco y negro” y que, en novelas caracterizadas por la fuerza visionaria y la importancia poética, “da vida a un aspecto esencial de la realidad estadounidense”. Al recibir el Nobel, Morrison destaca en su discurso la importancia del lenguaje “en parte como un sistema, en parte como un ser vivo sobre el cual uno tiene control, pero principalmente como un acto con consecuencias”. Asimismo, explica sobre los peligros del “lenguaje opresivo [que] hace más que representar violencia; es violencia; hace más que representar los límites del conocimiento; limita el conocimiento” y ofrece una visión positiva del “trabajo de palabras” que “tiene un significado que asegura nuestra diferencia, nuestra diferencia humana, la forma en que somos como ninguna otra vida“.

Morrison continuó explorando la experiencia afroamericana, un proyecto que describió en 2015 al New York Times como “escribir sin la mirada blanca”, en novelas que se extienden desde el siglo XVII hasta nuestros días.

Nunca tuvo miedo de hablar sobre los problemas que enfrenta Estados Unidos.

Autora de 11 novelas, así como de ensayos, libros para niños, obras de teatro y óperas, citando a (1970), (1973), (1977), (1981), (1987) y (1992), entre sus obras más aplaudidas .

Su reclamo del modernismo como una experiencia principalmente negra, su insistencia en que cualquier distinción entre lo estético y lo político es una falsa dicotomía, así como dejar plasmada la forma en que el colonialismo y el imperialismo fabricaron conscientemente la cultura y la historia africanas como irrelevantes, se encuentran entre sus grandes legados.


Homenajes

Toni Morrison falleció a los 88 años el pasado 5 de agosto, siendo la única escritora afroamericana y una de las pocas mujeres en recibir el Premio Nobel de Literatura.

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