Revista Pausa

Crecer hiperconectados: cómo educar en la era digital

La dieta digital de niños y niñas incluye juegos como Minecraft, Fortnite, Free Fire y Clash Royale, y redes como Snapchat, Instagram y YouTube. 4 de cada 10 preadolescentes de 10 a 14 años acceden a las redes sociales.

Si hay algo que queda claro en lo que se refiere a la educación del siglo XXI, es que no existe una receta que funcione para todas las familias por igual. La era digital significó una revolución en la metodología de la enseñanza, tanto en el ámbito familiar como en el académico. Los roles tradicionales de los padres, madres y profesores cambió con el auge de dispositivos informáticos, plataformas virtuales y conexión a Internet. Y, para los niños, niñas y adolescentes, las formas de interactuar en redes, los códigos y lenguajes también se transformaron. ¿La tecnología es aliada o enemiga de la crianza? ¿Cuál es la edad correcta para que los niños y niñas se inicien en el uso de las nuevas tecnologías? ¿Y las redes sociales?

Elizabeth Kilbey, consultora y sicóloga clínica inglesa, autora del libro Niños desconectados, considera que el periodo de entre cuatro y 11 años, llamado la “edad de latencia”, es una de las etapas más importantes, aunque más descuidadas, en el desarrollo de la infancia. Para la especialista, lo indicado para padres y madres de pequeños de estas edades es resistirse a darles acceso a la tecnología. El mejor momento es a partir de la adolescencia, cuando inicia una fase de mucha socialización, en que la familia pasa a segundo plano y los amigos y amigas, a primero.

Your children and you in the digital age. Elizabeth Kilbey, psychologist and writer

En una entrevista para El País, de España, la investigadora expresa que la adolescencia es el momento clave para tener una buena relación con los hijos. “Me parece importante mantener conversaciones, así acudirá a vos si tiene problemas y te consultará. A los padres nos cuesta esto, porque queremos mandar y nos enojamos si se portan mal. Pero necesitan aprender y cometer errores, y también entender que podemos ayudarlos. Debemos ser conscientes que nosotros somos quienes tenemos el control. Aunque el móvil sea de tu hijo e incluso si lo compró con su dinero, vos seguís estando al mando por ser el adulto. Y es necesario que te asegures de que ellos lo sepan”, sigue.

Para esto, opina, es preciso establecer algunas “normas”. Por ejemplo, si pueden usar el teléfono móvil antes de ir al colegio o cuando vuelvan, durante un determinado lapso o si pueden hacerlo en su habitación o no: “En mi casa hay una norma clave: si quieren utilizar los móviles, deben hacerlo en el salón, donde yo los vea, no en las habitaciones”. Destaca también si pueden usarlo por la noche. Tener el móvil al lado de la cama es muy tentador, mejor que lo dejen fuera: “Yo puse una norma que me encanta: tenemos un cargador común, solo hay uno, todos usamos el mismo. Y eso hace que vayamos con más calma, porque nos toca esperar nuestro turno”.

Sofía Barranco, sicóloga educacional y miembro del equipo de atención de Teletón Paraguay, considera que los niños y niñas deben formar parte del ecosistema digital sin sustituir otras actividades importantes como el arte, el deporte o el contacto con la naturaleza. “No es mala ni es buena la tecnología, creo que puede ser muy provechosa si le damos su justo lugar. Si bien todos tenemos una habilidad innata para lo social, esta se va aprendiendo, desde los gestos y las habilidades no verbales, hasta el intercambio de emociones”, cuenta Barranco. Ese ida y vuelta que nos da el contacto con el otro es irreemplazable.

Los centennials o Generación Z está creciendo con las tecnologías de una manera que los adultos (millenials, Generación X o baby boomers) no conocieron. Kilbey sostiene que el exceso de la tecnología repercute en el sueño, en la concentración y en los niveles de obesidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número de niños obesos o con sobrepeso de cinco años o menos aumentó de 32 millones, en 1990, a 41 en 2016. “Si continúan las tendencias actuales, el número de chicos con sobrepeso u obesos en ese grupo de edad podría aumentar a 70 millones para 2025”, señala el organismo, al tiempo que lo define como “uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI”.

Marc Masip, sicólogo y director del Instituto Psicológico Desconect@ y experto en adicciones a las nuevas tecnologías, habla de la urgencia en el cambio de hábito en los chicos y chicas. “Si lo primero que hago al despertarme es mirar el teléfono móvil y llego tarde porque me quedé mirando; si me quedé con el teléfono antes de irme a dormir, y por lo tanto, acorto el tiempo de descanso, ahí hay una dependencia”, expone en una entrevista para El País.

La dieta digital: pautas para educar en el buen uso del móvil. Marc Masip, psicólogo

Los expertos coinciden en que es fundamental entender las edades en que los niños y niñas van transicionando hacia el mundo digital, para acompañarlos y guiarlos en este proceso. Barranco recomienda que en la primera infancia, la tecnología es ideal, pero el acceso a redes sociales resulta muy precipitado. Como alternativa, se puede proponer oportunidades para moverse al aire libre, desplegar habilidades creativas y experiencias comunitarias. Es decir, una propuesta variada de interacciones que tengan con personas y no solo con tecnologías.

Adultos, va para ustedes también

Sara Domínguez es madre de tres hijos: Ariel, Ayla y Carlos. Ariel, de 13 años, tiene Nintendo Switch, PlayStation, computadora y utiliza un teléfono móvil hace dos años. Las reglas son claras: puede jugar casi todos los días, pero si antes terminó de hacer todas las tareas y máximo tres horas diarias, sin superar el horario de sueño, a las 22.00. El celular se monitorea constantemente y es para comunicarse con los padres y con sus compañeros de colegio. Todavía no está en las redes sociales, comparte correo electrónico con la familia y la computadora es únicamente para investigaciones del colegio. Ayla, de 10 años, solo tiene tablet para acceder a YouTube. Ahí puede buscar videos de manualidades, escuchar música y ver coreografías de danza, “pero siempre bajo control”, refuerza Sara. Por último, Carlos, de tres años, solo tiene permitido ver dibujitos en la televisión.

“En Reino Unido, los padres suelen dar el móvil a sus hijos cuando empiezan la secundaria, a los 11 años, más o menos. A mí me sigue pareciendo pronto, es mejor con 12 o 13. Si nos fijamos en las plataformas como Snapchat, Facebook o Instagram, hay que tener esa edad para usarlas. Y muchos padres no cumplen esa norma. Esos límites de edad me parecen correctos, porque ya tienen las habilidades necesarias para gestionar la dinámica de las redes, que no son para nada sencillas”, observa Kilbey.

Al introducirse en los hogares, la tecnología ha creado conflictos entre padres e hijos. Pero los reclamos que antes iban dirigidos a los menores sobre los excesos en los usos de las tecnologías, ahora también van para los adultos que no abandonan la conectividad en horas de “descanso” o en la intimidad del hogar. “Hoy ves niños de dos o tres añitos, que buscan a sus padres para conversar y ellos están en su teléfono y ni siquiera les dirigen la mirada”, manifiesta Barranco.

Crecer hiperconectados PARA PAUSA
<p>El territorio paraguayo es muy diverso en t&eacute;rminos de acceso a las TIC, pero m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n accede a Internet.</p>

El territorio paraguayo es muy diverso en términos de acceso a las TIC, pero más de la mitad de la población accede a Internet.

Los jóvenes ya no usan Facebook, sino otras aplicaciones de las cuales los padres andan obsoletos porque nadie les ha formado ni les dijo cómo educar a sus hijos. Existen más de 60 plataformas de mensajería instantánea. Por eso, lo primordial es no perder la riqueza comunicacional que uno tiene con niños y niñas para manejar el uso de redes sociales. Por ejemplo, que a la hora del almuerzo los teléfonos estén en la mesa, al costado.

Masip señala que el problema está a nivel de padres y de escuelas, por “encontrarse totalmente desfasados de los niños”. “Yo creo que es muy necesario que, a través de los colegios, formemos a estos jóvenes para que vivan y convivan con la tecnología de forma correcta. Cuando reciben un teléfono móvil, tienen un amor a primera vista. Si les das el aparato, conocen perfectamente su funcionamiento; todo es intuitivo y nadie les ha dicho qué está bien y qué está mal”, apunta el sicólogo.

La fuerza invisible de las TIC

El videojuego Fortnite tiene más de 250 millones de usuarios en todo el mundo y es muy popular en el segmento preadolescente. En julio de este año, Thiago King Lapp, un jugador argentino de 13 años, quedó quinto en la final de la primera Copa Mundial y ganó USD 900.000.

Aunque existen diversas guías sobre el tiempo de pantalla que deben consumir los niños según la edad, como el de la Academia Americana de Pediatría, sabemos que educar no es un proceso en serie, y que las guías deben adaptarse a la situación de cada familia así como a las necesidades y personalidad de cada niño.

Las tecnologías también pueden significar oportunidades para el acceso a la educación, para enriquecer el proceso didáctico y la inclusión de las personas con discapacidad: todos los dispositivos tienen la salida de voz, que permite que quienes no tienen lenguaje oral, puedan hacer escuchar sus pensamientos, sus ideas y sus procesos.

Barranco relata que los distintos tipos de discapacidad eliminan barreras para el aprendizaje a través de los recursos de apoyo tecnológicos, que son adaptados a cada persona y que permiten que participen del aula como cualquier otro niño.

“Hoy se habla de sistemas de comunicación aumentativa alternativa, por ejemplo, en los que a través de software y equipos, chicos que no tienen acceso a la escritura manual, cuenten con un sistema a través de estos recursos de apoyo, que incluso permiten esta escritura a través del iris del ojo o permiten manejar la computadora por medio del mentón o la rodilla. Eso elimina las barreras para el aprendizaje, que tienen como personas con discapacidad”, refiere la especialista.

Ingreso a las redes sociales y ciudadanía digital

Existen tecnologías creadas desde un punto de vista didáctico y pedagógico, usualmente utilizadas para las escuelas o proyectos puntuales, y otras con un enfoque más bien lúdico. Para lo primero, en nuestro país existe una organización civil que promueve la tecnología e innovación educativa hace 11 años, para que cada niño y niña desarrolle competencias tecnológicas y habilidades para la vida, y se llama Paraguay Educa.

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<p>En la primera infancia, la tecnolog&iacute;a es ideal, pero el acceso a redes sociales resulta muy precipitado. Como alternativa, se puede proponer actividades al aire libre y experiencias comunitarios.</p>

En la primera infancia, la tecnología es ideal, pero el acceso a redes sociales resulta muy precipitado. Como alternativa, se puede proponer actividades al aire libre y experiencias comunitarios.

Thinking with things (pensando con cosas) es una forma interesante y divertida de explorar el pensamiento de diseño, utilizando objetos encontrados combinados con tareas prácticas de aprendizaje, y es lo que utiliza Fernanda Carlés en el Fab Lab de la organización. También fomentan las “habilidades del siglo XXI”, que son competencias y necesidades que los niños y niñas necesitarán para insertarse al mercado laboral.

“Hace 10 años, ninguno de nosotros tenía un smartphone, hoy es una necesidad muy básica contar con internet. Nos concentramos en que los chicos desarrollen el ‘pensamiento computacional’, que son las habilidades de lógica, matemática, de comprensión de patrones, a través de cursos que les permitan experimentar y construir”, afirma la coordinadora del Fab Lab.

El Fab Lab es un laboratorio de fabricación digital móvil, que desde el año pasado permite recorrer el país para democratizar el acceso a sus herramientas, insumos y lograr que los usuarios –de nueve a 17 años– pasen de ser consumidores a asumir el rol de diseñadores y sean capaces de encontrar una solución a los problemas de sus localidades. Algunas de las herramientas que pueden encontrarse en un Fab Lab (como el que está hoy ubicado en Caacupé) son las impresoras 3D, las cortadoras láser, los escáneres 3D o las fresadoras.

Clara Benítez trabaja en Caacupé desde el 2014 articulando los sectores del área formal, con más de 35 colegios, y del no formal, con contenidos optativos, por fuera de la malla curricular. Con el programa Una computadora por niño, ofrecen clubes de robótica, programación, diseño o astronomía, acercando una oferta diversa a niños y niñas de la comunidad.

“La presencia del programa en la comunidad hace que los chicos den un salto mucho más allá, a diferencia de otras comunidades que no acceden a programas de tecnología, porque que un chico que apenas tiene conocimiento de un sistema de transporte en su comunidad, que está en zonas rurales, tenga una computadora y conexión a Internet, hace que ya de por sí la presencia de esa máquina en las escuelas y la familia sea una puerta a un mundo de conocimientos”, cuenta la coordinadora comunitaria.

Benítez manifiesta la importancia de formar a niños y niñas en lo que se denomina ciudadanía digital. Con padres, madres y adolescentes que trabajan en talleres de seguridad sobre lo que significa habitar en un mundo digital. Hacen hincapié en que todo lo que uno escribe o comparte en la web o las redes sociales deja una huella. “Qué tipo de huella queremos dejar y cómo podemos proteger nuestros datos son algunos de los temas que se abordan en el taller”, explica Benítez.

Pero también está demostrado que las mujeres están sobrepresentadas en las ocupaciones de STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Un estudio del 2018, dirigido por Rose O’Dea, estudiante de doctorado de la UNSW Sydney, exploró patrones en calificaciones académicas de 1.6 millones de estudiantes, mostrando que los niños y niñas tienen un rendimiento muy similar en STEM. Es por eso que, apoyándose en la necesidad de una alfabetización digital con perspectiva de género, surge Kuña TIC.

Elena Tarditi, coordinadora de este proyecto, expresa que el objetivo es empoderar a niñas y mujeres a través de la tecnología e innovación para una mejor inserción en el mercado laboral, con un componente de formación. “Hay una brecha digital de género importante, que pasa porque las propias mujeres no nos consideramos capaces o no nos sentimos lo suficientemente inteligentes o formadas para incursionar en ese mundo. La ciudadanía digital lo que hace es dar las herramientas a las chicas para que sepan las medidas que tienen que tomar cuando navegan en internet, cuando crean un perfil en redes sociales. Esto sigue con las habilidades socioemocionales”, cuenta Tarditi.

El análisis de O’Dea, publicado en la revista Nature communications, desacredita la opinión que sostiene que hay menos mujeres en trabajos relacionados con STEM porque no son tan capaces en esas materias como los hombres, una noción que ha sido apoyada por el concepto de que el género determina las aptitudes. Los metanálisis muestran consistentemente que las niñas y los niños son, en promedio, mucho más similares que diferentes en una variedad de habilidades.

“Es indiscutible que la tecnología debe estar en la escuela para mejorar metodologías, didácticas y propuestas de acceso a la información, sea de la materia que sea. Sobre todo, que les permita a ellos desarrollar procesos de pensamiento sobre cómo procesar la información que reciben de medios digitales. Pero lo digital nunca va a sustituir que vayan a un jardín botánico”, consigna Barranco.

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