Sucesos

Con solo 20 años, acusado por quíntuple asesinato

La Fiscalía solicitó que afronte juicio oral y público. Se expone a 30 años de cárcel por macabro y sádico hecho.

Bruno Javier Marabel Ramírez (20) fue acusado ayer por la fiscala Esmilda Álvarez por el escalofriante múltiple asesinato que horrorizó a Paraguay el 8 de octubre pasado, cuando fueron descubiertos los cuerpos de cinco miembros de una familia, ultimados y enterrados en su propia vivienda, en el microcentro de Asunción. Los cuerpos pertenecían a la esposa, Dalma Rojas Rodas (26), los hijos de esta, Cristian Barrios (5) y Saulo Pío Rojas (4). También los de sus suegros Elva Graciela Rodas y Julio Rojas Delvalle.

Además, la representante del Ministerio Público solicitó que afronte juicio oral y público por feminicidio y homicidio doloso. El joven se expone a una pena de 30 años de cárcel por el despiadado crimen.

También fueron acusadas Alba Rosalía Armoa Núñez (ex novia de Marabel) y María Araceli Sosa Díaz (ex compañera de trabajo) por los hechos punibles de frustración de la persecución y ejecución penal y omisión de dar aviso de un hecho punible. Esto, debido a que ambas participaron de una fiesta en la casa donde estaban los cuerpos enterrados.

Según la acusación, siendo las 2.06 horas de la madrugada del 29 de setiembre, Marabel registra la salida en su lugar de trabajo, en horario no habitual, ya que normalmente la jornada culminaba entre las 0.00 a 0.30 horas. Es así que se dirigió a su domicilio, ubicado sobre la calle Oliva casi Montevideo; minutos después encontró a su esposa Dalma Rojas, en la cama, a quien hirió de varias puñaladas. Luego atacó a su suegra Elva Rojas con un elemento punzocortante, produciéndole lesiones en el área del cráneo y en el tórax, con laceración y desgarro del lóbulo pulmonar inferior derecho, con otras varias lesiones; todo ello le produjo la muerte. Las siguientes víctimas fueron Saulo, hijo menor de Dalma, a quien Marabel infringió 17 estocadas, que le causaron la muerte, y el otro niño, a quien apuñaló con cinco estocadas, refiere en el requerimiento conclusivo. El supuesto asesino envolvió los cuerpos en sábanas y los transportó en una carretilla de metal, arrojándolos en un sanitario en desuso que tenía desnivel con relación al suelo, en el patio trasero; sobre los mismos tiró ropas, papeles y juguetes.

El acusado salió a cenar con dos amigos y preguntó dónde podía comprar cal y cemento para reparar el piso de su casa.

Para cerrar su travesía asesina, derramó cal sobre los cuatro cuerpos y se dirigió a su trabajo, con aspecto sucio y sin uniforme, diciendo que fue asaltado en su vivienda.

Por último, Julio Rojas fue asesinado días después, según la autopsia.

El olor fétido que provenía de la hoy denominada “casa del horror” llamó la atención de los vecinos, que dieron aviso a la Policía.

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