Correo Semanal

Compuesto supermercado Ykua Bolaño

 

Mario Rubén Álvarez

E n aquellos tiempos en que los diarios eran un privilegio de ciudades, cuando la radio estaba aún en su etapa de balbuceo y la televisión –así como las publicaciones digitales vía internet– ni se soñaba todavía, el compuesto era una herramienta eficaz para que los sucesos se expandieran y llegaran al conocimiento de la gente.

Enraizada en los romances españoles y vinculado a un modo de narrar propio de culturas de la oralidad, el compuestero (poeta que a veces era también el compositor de la música) paraguayo urdía sus versos octosílabos para volcarlos en una melodía sencilla. El ropaje musical era el complemento esencial de la música porque a través de él se afincaban en boca de los cantores populares para cumplir su propósito de divulgación.

No había –salvo excepciones– en el compuesto un afán de gran poesía. Puesto que su fin era dar a conocer generalmente un hecho de sangre, un asesinato, una muerte accidental, un desastre natural (como el ocurrido en Encarnación en 1926 cuando un ciclón dejó en ruinas buena parte de aquella ciudad), lo prioritario era que las palabras contaran, con la mayor fidelidad posible, lo ocurrido.

Así, los compuestos se convirtieron en crónicas ambulantes nacidas de un compuestero y puestas en circulación por guitarreros insomnes que las volvían andariegas. Algunas, las menos, después de empaparse de polvo, aire y caminos, llegaron a ser grabados. De ese modo accedían a un poderoso canal de difusión que les ayudaba más aún en su intención de socializar una situación digna de ser conocida por todos.

Bastará recordar, a modo de ilustración, el compuesto Mateo Gamarra basado en un hecho ocurrido en 1931 en Puerto Guaraní, Alto Paraguay. El compuestero relataba allí la muerte de un hombre “en manos de su mujer”, precisando que ella era “un tal Delfina Servín”. Esa obra se universalizó cuando la grabó, a fines de la década de 1950, el dúo Quintana-Escalante.

Preguntas y respuestas

Dentro de todo esto hay que preguntarse si hoy, en la era de las comunicaciones globalizadas que ha dejado obsoleto el método de divulgación de noticias de los compuestos, existen todavía autores y compositores que recurren a su forma para dar a conocer episodios contemporáneos.

Y sí. Aún hay compuesteros que hacen un acto de fe en la palabra y narran sucesos ocurridos en los últimos años. Es obvio que su pretensión ya no es dar a conocer los sucesos puesto que estos, al instante, están en la radio, la televisión y los medios digitales. Suman sí sus voces a las ya conocidas para dejar constancia narrada y cantada de capítulos conmovedores de la vida cotidiana.

El músico y compositor José Calazán Centurión Vega –oriundo de Franco Isla, Carapeguá–, director del conjunto Los compuesteros de Carapeguá, es uno de los más connotados cultivadores de ese vehículo expresivo que no está en vías de extinción.

“Compuestos sobre hechos actuales, recientes, hay muchos. A mí me traen para musicalizar. A uno de ellos le puse melodía por el 2007 aproximadamente. Se llama Compuesto supermercado Ykua Bolaño. La letra es del poeta José León Santacruz, de Tajy Loma, Carapeguá. Vive aún. Estará por cumplir los 100 años ya. Él cuenta lo ocurrido al quemarse el supermercado el 1 de agosto de 2004. Lo grabamos con mi conjunto”, recuerda Centurión Vega.

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